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jueves, 25 de septiembre de 2014

The Maze Runner - Crítica



Atletas de laberinto

La llegada a las salas de Maze Runner – Correr o morir generó, de movida y por la información con la que se contaba, una especie de murmullo generalizado entre todos aquellos que no suelen comulgar con este tipo de adaptaciones convertidas en sagas cinematográficas juveniles. Más allá de las similitudes que se puedan encontrar entre esta proyección y otras obras también ubicadas en un futuro distópico en el que los adolescentes son los encargados de tomar el mando, vale destacar que la citada aquí, dirigida por Wes Ball, sale airosa y gana puntos extra por su notable realización y por unos cuantos buenos momentos de nervio.
Dylan O’Brien encarna a Thomas, quien despierta ante el recibimiento de un grupo de muchachos. No recuerda cómo llegó hasta allí ni quién es. De a poco se va asociando al conjunto de chicos que habitan en ese extraño lugar caracterizado por poseer un inmenso laberinto cuya salida no han sabido hallar ni descifrar hasta ese entonces.


Existen cuestiones y modos en que estas se desarrollan que hacen pensar que el film no aporta nada nuevo. No es neta y completamente más de lo mismo aunque sí tiene algo (o bastante, dependiendo de qué tan fino hilemos) de lo que estamos acostumbrados a ver en este tipo de sagas, con la distinción de que aquí las ejecuciones están mejor llevadas al valerse de un poder de atracción más fuerte y una dosis suficientemente menor de pomposidad, por decirlo de alguna manera.
Salvando las diferencias entre la trama de una y otra cinta, en Maze Runner, al igual que en Los Juegos del Hambre, el factor supervivencia cobra importancia en cada uno de los jóvenes que conforman la historia. Algo parecido ocurre, volviendo a establecer un parangón entre las mencionadas proyecciones, en lo que respecta a las consecuencias que pueden desprenderse de un enfrentamiento: la sensación de que nadie está a salvo reina por momentos y en unas cuantas resoluciones en las escenas de mayor intensidad que se exhiben.
Es factible que a la película, más allá de lo llevadera y entretenida que resulta, le sobre metraje. Los personajes, si bien localizan buenas actuaciones por parte de sus intérpretes (en especial Dylan O’Brien y Will Poulter, este último en un papel totalmente opuesto al que le había tocado personificar en We’re the Millers), no terminan de generar un elevado grado de empatía con el observador.
El film de Wes Ball funciona por su capacidad de engancharnos gracias a su interesante comienzo y a las apreciables instancias en las cuales la tensión quiebra el simple asomo para presentarse finalmente en cuerpo y forma, con esplendor.

LO MEJOR: el arranque, la manera en que está narrada la historia. Los momentos de acción.
LO PEOR: menos minutos le hubiesen quedado mejor. Resoluciones algo discutibles.

PUNTAJE: 6,5

sábado, 24 de agosto de 2013

We´re the Millers - Crítica


La “familia” unida

Dentro de un género al que le está costando bastante retornar a las raíces y elucidar buenos momentos cómicos, emerge We´re the Millers que, sin rebasar de instancias que ocasionen carcajadas, cumple con su cometido de entretener casi en toda su duración y cimentar unas cuantas secuencias embarazosas.
El gran trabajo queda a cargo del dúo protagónico, con un Jason Sudeikis carismático, lleno de picardía y una Jennifer Aniston que vuelve a redondear una buena actuación a la par que embelesa la pantalla encarnando a una bailarina stripper. Los secundarios (Emma Roberts y un prácticamente caricaturesco Will Poulter) se asocian gratamente a base de unas divertidas y bizarras participaciones.
La trama nos enseña la vida de un distribuidor de marihuana de escala baja (Sudeikis) que, tras endeudarse con su proveedor, no tiene mejor salida que aceptar una excursión riesgosa traspasando la frontera hacia México para traer de regreso a Estados Unidos un “paquete y medio” de droga. Para disimular la cuestión y pasar lo más desapercibido posible no tiene mejor idea que conformar una familia ficticia que lo acompañe en esta aventura repleta de obstáculos y situaciones tan descabelladamente agradables como incómodas.


La película cuenta con un ritmo que parece no parar un solo minuto, escoltada de una musicalización que va de la mano de esta dinámica elegida por su director a la hora de relatar los acontecimientos. El film tiene fuerza y similitudes a Todo un parto (Robert Downey Jr. y Zach Galifianakis) en cuanto a la contrariedad de sus escenas y al modo de fastidiar (en un buen sentido) al público a través de las controversias que surgen como barrera o complicación en el pedregoso andar de este cuarteto inexperto en tamaña encomienda.
Cómica, con gags algo vistos, “sucios” pero buenos y socarrona, We´re the Millers termina resultando una más que interesante propuesta.

LO MEJOR: el conjunto que constituye la familia ficticia. La incomodidad y el carácter casi bizarro de algunos pasajes. Muy divertida. Lo que se muestra en los créditos finales.
LO PEOR: la velocidad con que se exhiben las resoluciones, como acelerando el desenlace.

PUNTAJE: 7,2