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martes, 28 de julio de 2015

True Story - Crítica



En búsqueda de la verdad

Rupert Goold presenta su ópera prima en materia cinematográfica a través de esta mezcla de drama y thriller, que adquiere un grado mayor de interés por tratarse de un hecho real. True Story se percibe como un relato atrayente desde el plano teórico, desde lo que reza su sinopsis y también a partir de lo que puedan brindarnos, con sus interpretaciones, Jonah Hill y James Franco. Pero lamentablemente, al  término del film, la sensación que queda es un poco más amarga que dulce. Da la impresión de que la temática podría haberse explotado de una forma más intensa que la que su director eligió para volcar los acontecimientos en la pantalla.
Cuando Michael Finkel (Jonah Hill), un reportero al que desafectan del New York Times, recibe un llamado para reunirse con Christian Longo (James Franco), encarcelado por el homicidio de su esposa e hijos, se entera que éste, se ha apoderado de su identidad. Finkel emprende una obsecuente investigación que le permita conocer lo que realmente ha pasado en el caso de Longo.
True Story inicia de buen modo. De hecho, la primera escena, sugerente, parece darnos la pauta de que en el transcurso de la cinta habrá mucha tela para cortar. La introducción, pausada y amena, nos permite conocer brevemente a Michael y a algunos comportamientos que determinan su desempeño laboral. Por otra parte, lo que se exhibe acerca de Longo resulta más intrigante y oscuro.


Finkel visita a Longo en prisión en lo que representa el primer cara a cara entre ambos. A partir de ese punto de inflexión, los sentidos se disponen a experimentar lo que debería suponerse como un encuentro potente y agudo. Sin embargo, los diálogos y sobre todo el matiz elegido para dicha secuencia acaban decepcionando un poco. Lo concreto y menos ventajoso aún es que lo que continúa y se materializa a lo largo del desarrollo, se percibe monótono. Las cosas comienzan a estancarse, en lo que concierne al ritmo narrativo, cuando la película requiere un cambio de tono y una búsqueda de la verdad más inquietante y movilizadora.
Estéticamente prolija aunque sin elementos que se destaquen por encima de la media, la proyección parece mostrarse constantemente de manera estructurada. Lo que se expone ante nuestros ojos es tan metódico, que con facilidad se puede advertir la falta de osadía para inclusive profundizar sobre los personajes principales.
Del lado actoral, Jonah Hill, James Franco y la siempre convincente Felicity Jones llevan a cabo una buena labor, sin brillar, inmersos en la planicie de un relato que nunca termina de explotar.
Regular y discreta, True Story no triunfa ni conquista por no asumir los riesgos que de antemano le correspondían, desaprovechando la oportunidad de incomodar e inquietar, a través de lo que realmente fue un hecho espeluznante.

LO MEJOR: el comienzo. La puesta en escena, seria y discreta. Algunos toques de intriga.
LO PEOR: las dificultades que presenta para cambiar de tono. Plana, reiterativa. No profundiza lo suficiente en los personajes.

PUNTAJE: 4,9

jueves, 2 de enero de 2014

El lobo de Wall Street - Crítica


Lujuriosos muchachos

Martin Scorsese vuelve a hacer ruido. Retumba, provoca y despierta polémicas con un film lleno de excesos. Amantes del afamado director se sentirán a gusto; quienes nunca comulgaron con su estilo, factiblemente detractarán su obra.
Se la puede catalogar casi netamente como una comedia con intensos tintes dramáticos, en donde el común denominador y aspecto más abarcado durante el metraje encuentra su lugar en la codicia y el libertinaje. Quien supo construir Goodfellas vuelve a dar cátedra en todo lo que tenga que ver con movimientos de cámara y elementos narrativos; Scorsese cuenta con la admirable capacidad de lograr que el relato a partir del recurso de la voz en off resulte atractivo y nunca quede mal, además de poseer un don nato en lo que respecta a la presentación de los personajes.


El lobo de Wall Street nos enseña el mundo de la bolsa y las acciones, gobernado por esa ansiedad permanente de obtener rentabilidad y sacar diferencia con las comisiones. Y para ello no hay nadie mejor que Jordan Belfort (magnífica, nuevamente, actuación de DiCaprio), quien una vez inmerso en este mundo de valores y presiones, comienza a montar su fraudulento negocio. No hay nadie mejor que él. Su mano derecha Donnie (brillante Jonah Hill), junto a otros compañeros, se sube al ambicioso barco de Belfort, en donde la desmesura y lo políticamente incorrecto están a la orden del día.
¿Excesiva? Por donde se la mire, pero la superabundancia de acontecimientos casi grotescos son una variable fija en la línea fílmica de Marty, elemento que lo distingue y por el cual ha acumulado seguidores. Probablemente el director de Shutter Island se cebe y no sepa hasta qué punto es necesaria la apelación a orgías y secuencias en donde las drogas y el sexo copan la pantalla.
Entretenida, osada, graciosa, la cinta porta un desenfreno y un ritmo endemoniadamente lunático, en lo que quizás sea la realización más chiflada de Scorsese. Contagiosa, filosa y con una crudeza tan exagerada como rugiente, nos muestra los peligros de las adicciones, las pretensiones y el círculo vicioso e insaciable que encierra la ambición.

LO MEJOR: el estilo narrativo del director. Actuaciones bestiales, salvajes y excelentes de Leonardo DiCaprio y Jonah Hill. Hilarante, extravagante.
LO PEOR: se aprisiona en su propia trampa y recurso al exceso y a las juergas que presencian sus protagonistas. Tres horas que podrían resumirse, al menos, en dos y media.

PUNTAJE: 7,6

viernes, 20 de septiembre de 2013

This is the End - Crítica


Comedia se busca

Seth Rogen y Evan Goldberg debutan desde la dirección con esta película que, en su intento de combinar lo gracioso con lo apocalíptico, se queda en el camino sin resucitar a un rubro en crisis en materia cinematográfica.
Lo que aparentaba ser un concierto de frenesí sin parates encuentra en su desarrollo unos cuantos baches en lo que respecta a gags y a diálogos que, en su afán de divertir, se tornan repetitivos hasta la supresión del mínimo esbozo de sonrisa en nuestro rostro. Si bien la banda sonora ayuda a aligerar el ritmo y a hacernos pasar momentos apreciables, hay algo que no termina de encajar, de funcionar.
This is the End parte de la reunión de actores en una fiesta desbordante de alcohol y fumatas. Un temblor apabulla a los invitados, de la mano del acercamiento del fin del mundo, por lo que los sobrevivientes deciden instalarse en la casa de James Franco, resistiendo amotinados allí mientras se va dando una serie de sucesos hilarantes.


El gran problema del film radica en la dificultad por encontrar regularidad entre una escena y su subsiguiente; cuando se está merodeando y circulando alrededor del punto más cercano al clímax, algún hueco rompe el esquema echando todo por la borda.
Aquello que incita a la diversión y al descontrol de los personajes por la ingesta de sustancias alucinógenas es efectivo si se aplica en la medida justa, pero cuando los directores se enamoran de sus propios recreos de humareda el asunto se pone tan redundante como inmaduro.
En This is the End, Seth Rogen hace de Seth Rogen; Jonah Hill encarna a Jonah Hill, y así sucesivamente, por lo que cada uno de los sujetos recurren (probablemente de los aspectos más destacables) de buena forma a la autoparodia, burlándose de sí mismos en determinados pasajes de la historia.
Si bien posee unos cuantos trozos ocurrentes y socarrones capaces de hacer reír al espectador, la proyección peca de abusar de elementos muy utilizados en las comedias contemporáneas, quedando a mitad de camino no sólo hacia la superación, sino también al alcance de la media.

LO MEJOR: Jonah Hill, definitivamente tiene un carisma muy peculiar, contagia, agrada. Un par de instantes hilarantes. Ending scene.
LO PEOR: le cuesta horrores encontrar estabilidad. Tambalea entre secuencia y secuencia. No es tan desternillante como solicita el género. Le sobran, al menos, quince minutos

PUNTAJE: 5