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sábado, 7 de febrero de 2015

Taken 3 - Crítica



De mayor a menor

La tercera parte de una saga que en su inicio sorprendió y cautivó a muchos finalmente arriba a los cines entre murmullos de parte de espectadores que no se sintieron del todo conformes con lo visto en la secuela que tuvo lugar en el año 2012. Olivier Megaton vuelve a ser el encargado, detrás de cámaras, de intentar imprimirle fricción y frescura a la cinta protagonizada por el gigante Neeson. Pero, por mala fortuna, el andar intermitente de la historia se diluye a medida que los acontecimientos y los personajes secundarios dejan entrever un nivel de lejanía, en cuanto a calidad y fuerza de enlace, en parangón a lo que ofrece nuestro protagonista, quien se pronuncia como lo más destacable de la película.
Hay muy pocos detalles que no se perciben expuestos a la fuerza en Taken 3. En esta ocasión, la ex esposa de Bryan Mills es asesinada mientras que acusan a nuestro héroe del homicidio. Éste, con todas las artimañas posibles que le permitan escapar, tratará de demostrar que nada tuvo que ver para, a su vez, cobrarse venganza de quienes llevaron a cabo tamaña acción.


La creatividad y el ingenio de Luc Besson parecen no estar presentes con holgura en esta oportunidad. Megaton, valiéndose de lo que representa el guión, procura adornar las situaciones con un comienzo tan manso como interminable. Entre lo sentimental vinculado al asesinato del personaje compuesto por Famke Janssen, el film da la sensación de nunca explotar de forma abrupta para volcarse de lleno a las instancias de mayor frenesí, esas que fueron capaces de inquietar y mantener expectante al observador en lo que supuso la apertura de la saga.
Liam Neeson se las arregla como para salvar algunos buenos momentos; su figura de por sí es significativa y acapara la atención del público por su portentosa presencia en la gran pantalla. Pero su gratificante participación no alcanza para sacar a flote una narración que nunca arriba al clímax y que carece de fuerza incluso con la exhibición de escenas en donde las explosiones y persecuciones pretenden dotar al asunto de adrenalina.
A excepción de Forest Whitaker (de buena labor), quienes secundan al actor norirlandés no convencen ni tampoco ocasionan algún grado de desasosiego desde el flanco malvado, ese con la responsabilidad de frenar o al menos complicar a Mills.
Taken 3 acaba resultando el capítulo más flojo hasta aquí, continuando en un orden decreciente en el que las ideas se agotan y la previsibilidad aumenta.

LO MEJOR: Liam Neeson. Los primeros minutos.
LO PEOR: previsible, intermitente. Innecesaria.

PUNTAJE: 5

jueves, 1 de agosto de 2013

Wolverine: Inmortal - Crítica


Logan y los japoneses

Quizás producto de otro bien logrado pero engañoso tráiler o tal vez  haya sido obra de la creación de una expectativa mayor, pero al fin de cuentas esta entrega cinematográfica de Marvel entusiasma muy poco.
Wolverine entra en calor en la primera vigorosa secuencia, cuando salva la vida de Yashida, impactando de lleno en el público y dejándole una grata impresión debido a sus impecables efectos especiales. Hasta allí e incluso unos cuantos minutos más la historia parece ir encaminándose por buen rumbo, pero tramos próximos a la llegada de nuestro protagonista a Tokyo, el sendero se visualiza nebuloso, desconcertante no desde el punto atrayentemente enigmático que suelen mechar en su contenido algunas películas, sino desde la desorientación que ocasiona en el espectador. Entonces comienzan a hacerse más presentes unos cuantos diálogos más lentos que motivadores, aspecto que le quita tirantez al relato.


Los factores que mantienen a flote esta proyección se basan en la propuesta (o más bien obsesión) de Yashida hacia Wolverine de “extirparle” su inmortalidad argumentando que al fin podría tener sueños, formar una familia y una muerte honorable, a lo que el mutante, terco como de costumbre, se rehúsa. La oncóloga del moribundo nipón cobra mayor protagonismo al resultar ser una pieza clave del plan en esta suerte de leyenda de “mortalizar al inmortal”, debilitando a nuestro héroe poco a poco.
Uno de los motivos por los cuales The Wolverine no se acerca siquiera al nivel de sus anteriores ediciones vinculadas a X-Men radica en la falta de tensión que poseen los acontecimientos: en ningún momento se incomoda al espectador invadiéndolo de nerviosismo.
Más allá, también, de algunos fallos de guión y un final discutible, la carismática y sobria presencia de Hugh Jackman y las muy buenas escenas de pelea hacen que la película apruebe tan justo como si Wolverine rasguñase el puntaje con la punta de sus garras de adamantium.

LO MEJOR: los momentos de acción. El mano a mano arriba del tren bala. La secuencia que nos presenta Marvel (como es habitual) en los créditos.
LO PEOR: no enlaza, no genera atracción plena. Posee altibajos.

PUNTAJE: 6