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sábado, 1 de noviembre de 2014

Boyhood - Crítica



La vida misma

Boyhood es una experiencia única, de esas que emergen muy de vez en cuando en la gran pantalla para dejar una sensación agradable, amena y especial en el espectador. Es imprescindible destacar que Richard Linklater, su director, apostó al proyecto a largo plazo, rodando el film en el período comprendido entre 2002 y 2013; durante esos 12 años mantuvo el reparto, incluso arriesgándose a que factores externos pudiesen complicar o arruinar el esqueleto que iba construyendo lenta y minuciosamente. Esta idea, singular como pocas, le otorga a la cinta un magnífico valor de distinción y de originalidad.
La historia se centra en Mason (Ellar Coltrane), iniciando desde sus seis años de edad y pasando por todo tipo de situaciones que le van ocurriendo y con las que se va topando en su camino, en su andar. Eventos con los que el observador se puede sentir totalmente identificado por tratarse de cuestiones que hacen a la vida misma y a la formación de todo ser humano. Richard Linklater lanza sobre la mesa un relato afable bañado de una naturalidad exclusiva; cada escena que presenciamos se percibe tan real que atrae y fascina, como si estuviésemos siguiendo, a través de la pantalla, el crecimiento de una persona en particular.


Boyhood arranca y contagia con un primer plano de nuestro protagonista hipnotizado con su vista hacia el cielo. La imagen se refuerza con la impecable elección de la conmovedora melodía que destila el tema Yellow, del grupo Coldplay; su inicio conquista y engancha apenas con esa simple combinación. De ahí en adelante sólo hay que relajarse, posicionarse cómodamente y dejarse llevar por el mágico viaje al que nos invita el realizador del film.
Muy buenas actuaciones de quienes ofician de padre (Ethan Hawke), madre (Patricia Arquette) y hermana de Mason (Lorelei Linklater). Nuestro intérprete principal atraviesa momentos de alegría, instantes de felicidad y también de drama, de caos familiar. Padres separados, mudanzas, amistades que quedan en el camino, desafíos, metas, miedos, el primer amor, el despegue para abrirse paso solo hacia los compromisos y las nuevas responsabilidades. Boyhood aborda esas y otras tantas temáticas. La película, además, no necesita recaer en golpes bajos para ser profunda y emotiva, siendo este uno de sus aciertos fundamentales y más destacables.
Se trata de cine-experiencia, de la vida misma y de sus momentos, de reconocer determinadas instancias como similares a las de nuestras propias vivencias y por ello percibirlas aún más naturalmente de lo que ya Linklater ideó de antemano para presentarlo y servirlo a nuestros ojos. La obra tiene deja escapar continuamente una leve brisa de magnetismo que mantiene expectante y cómodo al espectador con lo que ve, casi como una contemplación. También es cierto que quizás el metraje le juegue en contra en algún pasaje de la cinta, pero con todo lo que construye y provoca acaba siendo indispensable.

LO MEJOR: el proyecto, jugado por su extensión. La naturalidad única de sus escenas. Su carácter conmovedor. Hipnótica desde la sencillez de sus escenas. El crecimiento de sus personajes a lo largo del tiempo.
LO PEOR: la duración del film en algún que otro momento de su desarrollo.

PUNTAJE: 7,8

viernes, 29 de noviembre de 2013

Películas del Recuerdo - Día de entrenamiento (2001)


Lobo versus oveja

En las calles y pequeños suburbios norteamericanos se mezclan las pandillas callejeras. Para meterse a negociar ahí es necesario estar ducho y poseer experiencia. No cualquiera puede ingresar a lidiar con traficantes, hay que saber moverse y manejar todo tipo de recursos, desplazar ciertas piezas delicadamente y no ser demasiado abrupto.
Día de entrenamiento nos sumerge en ese mundo. Y lo hace enseñándonos dos estilos muy distintos entre sí. Denzel Washington está curtido en el asunto. Trece años de historias lo avalan en el rubro de narcóticos. Sus modos o procedimientos son cuestionables, puesto que oscila entre lo lícito y lo que traspasa esa delgada línea. Se suma Ethan Hawke, mucho más ético, “tiernito” en la jerga, un novato bajo la supervisión de Denzel, en lo que aparenta ser un primer y arduo día de trabajo.


Antoine Fuqua, que hasta ese entonces no había sabido conformar una obra recordable o trascendente, saca de la galera sus mejores conejos y artilugios posibles para engendrar un thriller tirante y entretenido, en donde uno de los grandes aciertos radica en la interpretación camaleónica de Washington bajo la muy buena compañía de Hawke. Cada cual constituye una cara de la misma moneda, de un flanco lo inmoral y del otro lo decoroso. El personaje de Ethan no esconde su ansiedad por atar cabos manteniendo las estrictas reglas que aprendió en la preparatoria, preceptos que se van diluyendo ásperamente a medida que su compañero y mentor lo interioriza en el tema, prácticamente obligándolo a manejar cada instancia de la manera en que él crea conveniente.
Training Day se ocupa de dar un pantallazo tan severo como real de la selva cotidiana que se vive en los alrededores de las zonas más sombrías de la ciudad. Un golpe bajo a la decencia de quienes son los encargados de protegernos y luchar contra la inseguridad, con una mirada pesimista pero sincera sobre la corrupción policial, con drogas en cada esquina y traiciones dispuestas a salir a la luz en cualquier momento.

LO MEJOR: no sufre altibajos. Frenética. Washington y Hawke, en ese orden, resaltando la sobresaliente actuación de Denzel. La realidad de lo que postula.
LO PEOR: falla en las escenas de enfrentamiento cuerpo a cuerpo, no están bien montadas.

PUNTAJE: 7,2 

domingo, 23 de junio de 2013

The Purge - Crítica


Cómo desaprovechar una muy buena idea

De los productores de Actividad Paranormal y dirigida por James DeMonaco, llega The Purge, un thriller futurista con tintes de suspenso/terror y con un muy buen ingenio desde el planeamiento de la historia.
El relato nos sitúa en el año 2022, donde la sociedad norteamericana parece haber renacido contando con una tasa de desempleo de un 1% y con el crimen más bajo que nunca. Todo ello se debe a un día anual en el que todo está permitido, la transgresión cobra un carácter legal por un período de 12 horas en lo que se denomina “la noche de purga”. En esa jornada, los individuos que deseen saldar cuentas y descargar su ira y odio interno tienen la oportunidad de afilar sus cuchillos, cargar sus armas y salir a las calles a desatar un caos. Y para quienes no sientan la necesidad de hacerlo, como es el caso de Ethan Hawke, el protagonista, nada mejor que asegurar su casa con dispositivos de seguridad (que él mismo vende y con los cuales abasteció a su barrio) y encerrarse mansamente hasta que “el campanazo” dé fin al toque de queda.
La idea central es sumamente original, creativa y despierta curiosidad en el espectador. El punto de inflexión tiene lugar a partir del momento en que el hijo de Hawke deja ingresar a un hombre que intenta escapar de sus perseguidores, sin imaginarse que dichos sujetos arribarían al paradero de nuestra familia principal amenazando con ingresar y aniquilar a cada uno de ellos.


La película, hasta esta instancia y con esta suerte de sinopsis (que también se resume en un jugosisímo y perfectamente editado tráiler), nos invita a verla casi en una reacción espontánea. El guión se muestra sólido, llamativo y enigmático; y las pocas escenas que visualizamos en su avance (combinadas de una banda sonora estimulante) prometen un estado de tensión y suspenso que pareciese nos vayan a ocasionar grandes saltos.
Pero, lamentable y decepcionantemente, The Purge está bien montada hasta la primera mitad, y lo que aparentaba proveerle al espectador decenas de sustos, tirantez y grados elevados de nerviosismo se echa por la borda a partir de resoluciones súper previsibles y un final estrepitosamente ridículo.
La película es un claro ejemplo de cómo desaprovechar un proyecto o un boceto interesantísimo y absolutamente inventivo cuando de la teoría se vuelca a la práctica un desencadenamiento de sucesos a los que no se les supo sacar todo el jugo y en donde sólo se rescatan las actuaciones de Hawke, Lena Headey y unas tétricas secuencias producidas por las macabras máscaras de los que operan de “villanos”.

LO MEJOR: la idea original, el tráiler, el reparto, las caretas.
LO PEOR: se torna tan previsible que la decepción en el espectador es mayor. Incoherencias, resoluciones ridículas. Lo desaprovechada que está la historia.

PUNTAJE: 4,6