Mostrando entradas con la etiqueta charlize theron. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta charlize theron. Mostrar todas las entradas

domingo, 17 de mayo de 2015

Mad Max: Fury Road - Crítica



Adrenalina, vértigo y potencia sin límites en la carretera

Todo lo que se halla alrededor del universo de Mad Max: Fury Road desborda de desenfreno y potencia, a la vez que sugiere dinamismo. Esto abarca desde los pósters del film hasta la locura avasalladora que se desprende de sus tráilers. La suma de cada elemento permitió acrecentar la expectativa en los espectadores (principalmente en aquellos que se han declarado fieles seguidores de la trilogía protagonizada por Mel Gibson). Al momento de la verdad, la obra de George Miller cumple con lo prometido y nos regala un espectáculo visual tan delirante como furioso.
El arranque de la película nos introduce de manera intensa en el intento de escape de Max (Tom Hardy) de los hombres de Inmortan Joe, el villano de turno, en lo que representa un inicio que conecta, inquieta y atrapa. Del mismo modo deleita por el modo en que cada secuencia está rodada, conformando una línea que se mantiene constante y como sello distintivo durante gran parte de los 120 minutos de proyección.


Mientras Inmortan Joe domina e impone sus propias reglas en La Ciudadela, los pertenecientes a niveles sociales más bajos se desesperan por poder hacerse al menos de un poco de agua. Imperator Furiosa (Charlize Theron) emprende un camino diferente que es tomado como una traición por parte de Inmortan y sus súbditos. A partir de allí, las desquiciadas persecuciones se apoderan de la pantalla, a puro ritmo y vértigo. Encadenado al frente de uno de los vehículos (conducido por Nux, uno de los secuaces dispuesto a todo) y con un anhelo enfático por zafarse, Max soporta los primeros tramos de enfrentamiento sin poder ser partícipe voluntario de ello.
Miller respeta el espíritu de la trilogía incluso añadiéndole a la cinta algunos guiños respecto de las producciones que supo dirigir entre 1979 y 1985. Lo bizarro sale nuevamente a flote mediante las situaciones que se exhiben y a través de los personajes que desfilan a lo largo de la historia, conservando ese gusto a serie B que también caracterizó a las antiguas entregas.


Mad Max: Fury Road resurge y triunfa al proclamarse como la propuesta más entretenida y desatada de las cuatro que se han realizado. En esto tienen mucha importancia las explosiones, el montaje y la puesta en escena, permitiendo que cada pasaje de acción se transforme en un disfrute visual excesivo, alocado y único por la diversidad de planos, choques y cruces que se van dando entre un bando y otro. Lo meramente técnico es sobresaliente y oficia como factor fundamental a la hora del puntaje final, en una narración que funciona como un bombardeo intercalado entre imágenes portentosas y sonidos estruendosos.
Si bien no se trate de un relato en el que los diálogos tengan un papel esencial, Tom Hardy ofrece una sólida interpretación como sujeto serio, solitario y atormentado que escapa tanto de los vivos como de los muertos. Miller sorprende al darle el mismo o más protagonismo a Charlize Theron que a Hardy, gratificación que la actriz sudafricana devuelve con solidez, prestancia y soltura en su labor actoral.
Mad Max: Fury Road acaba dejando una muy buena impresión. Incluso con algún que otro leve declive (después de tanto entusiasmo, algún freno tiene que haber), la película sabe lo que tiene que contar y cómo hacerlo. Una experiencia que exprime la magia de la gran pantalla, haciéndose fundamentalmente provechosa en el cine.

LO MEJOR: la dinámica, el desenfreno y la adrenalina de las escenas de persecuciones y acción. La puesta en escena es imponente.
LO PEOR: tal vez le sobren algunos minutos.

PUNTAJE: 8

martes, 17 de junio de 2014

A Million Ways to die in the West - Crítica


Un western peculiarmente cómico

Interesante el póster que lleva A Million Ways to Die in the West, llamativo además por la presencia de Liam Neeson, algo que sirve como elemento que invita a la curiosidad del espectador por ver al norirlandés en este tipo de proyecciones caracterizadas por un estilo de humor bastante particular.
Sabemos de qué van los chistes y los momentos que planta en escena Seth MacFarlane, algo que divide las aguas entre detractores y seguidores de sus métodos o modos destinados a suscitar risas. Quienes se ubiquen en la primera línea de las mencionadas anteriormente, difícilmente cambien su parecer con el visionado de esta comedia; sin embargo en aquellos fieles partidarios del realizador oriundo de Connecticut las sensaciones que experimenten es muy probable que estén más cerca del disfrute en complicidad con cada circunstancia jocosa que se enseñe en pantalla. La película representa un nuevo escaparate al “mundo MacFarlane”, ese espacio en el que lo políticamente incorrecto está a la orden del día, siendo este uno de los principales motivos que aproxima a muchos a sus formas y aleja a otros tantos.


El director aquí se la juega también protagonizando la historia como un granjero llamado Albert, que tras acobardarse en un duelo es abandonado por su novia. Entre penurias conoce a una pistolera (Charlize Theron) que le servirá de consejera y le ayudará a aprender a disparar con el fin de medirse en un nuevo tiroteo y así reconquistar a su ex pareja.
MacFarlane, también guionista, encuentra una narrativa más aceitada y ágil que en su trabajo anterior, esto es con Ted, en la que si bien existían pasajes de comedia interesantes, se percibían determinados vacíos que desacreditaban la opción de tener un cambio de ritmo o un punch más dinámico. En esta entrega, el timing es mucho mejor y generalmente, salvo excepciones, las ocurrencias portan un grado de desfachatez más disfrutable y ácido que en la producción encabezada por Mark Wahlberg y Mila Kunis. En este sentido y como factor que permite renovar ciertos aires en la narración, vale destacar las apariciones de personajes secundarios como Giovanni Ribisi (en el flanco antagónico en Ted) y Sarah Silverman, en una suerte de subtrama que involucra la relación entre un hombre bastante bonachón e inocente y una prostituta. Este dúo le aporta frescura a un relato que por momentos e inevitablemente, dado su entretenido arranque, decae un poco.
Puede que la duración sea algo más extensa de lo que se requiere, teniendo en cuenta lo que hay por contar, no obstante, A Million Ways to Die in the West se pasa rápido y divierte, especialmente a quienes gustan de ese universo chabacano y desbordante de situaciones absurdas, socarronas y flatulentas que crea Seth MacFarlane.

LO MEJOR: el ritmo. Ocasiona unas cuantas risas y quizás alguna que otra pequeña carcajada. Supera a Ted. Actuaciones.
LO PEOR: predecible. Cuando los gags se tornan repetitivos.

PUNTAJE: 6,5