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sábado, 5 de abril de 2014

Betibú - Crítica


Muerte y misterio en el country

El segundo film en el haber de Miguel Cohan es Betibú, un policial nato con un trabajo de producción que nada tiene para envidiarle a proyecciones comerciales-taquilleras estadounidenses. De un calibre técnico impecable y con una historia en mayor medida atrapante, la cinta redondea una buena performance valiéndose de unas actuaciones que mucho tienen que ver a la hora de aportarle solvencia al relato. Tráiler y póster atrayentes y convocantes desde el vamos, acaparan expectativas que, esta vez, no se difuminan con el visionado de la obra cinematográfica.
En el country La Maravillosa, una empleada doméstica encuentra degollado a Pedro Chazarreta (Mario Pasik). Todo parece indicar que ha sido un suicidio, pero al tratarse de un empresario de poder, los medios cubren de manera más amplia los hechos y repentinamente las portadas de los diarios lo tienen como acontecimiento central. Desde el diario El Tribuno, Rinaldi (José Coronado) convoca a quien apodan Betibú (Mercedes Morán), una reconocida escritora de novelas policiales, para que se instale en un alojamiento cercano al lugar del suceso y redacte todo aquello que guarde relación con lo ocurrido. Se suman a la investigación Brena (Daniel Fanego) y Mariano (Alberto Ammann).


Betibú arranca bien, introduciéndonos de manera breve pero perfecta en el perfil de cada personaje, de modo vayamos distinguiendo qué conductas y carácter poseen los implicados en el desarrollo de la narración. Admite adentrar al espectador en escenas entintadas de un thriller sólido que juega con la indagación y búsqueda de datos que permitan dilucidar si efectivamente el acaudalado se quitó la vida por sus propios medios o algo más turbio y mejor tramado se está pasando por alto. Es en los momentos en que participan e interactúan los tres intérpretes principales cuando la historia se percibe más jugosa y agradable. Imprescindible aquí resultan las encarnaciones de Fanego, de memorable labor, Morán y Ammann, en ese orden. El primero nombrado saca además a relucir la gracia, en complicidad con el público, por sus buenas dosis de ironía en diversos diálogos y comentarios.
Betibú, más allá de sonar forzado o poco atractivo cuando se vuelca a la relación entre Coronado y Morán, funciona cada vez que expone la corrupción e incluso desmenuza los papeles de los medios de comunicación, desde su tenacidad hasta en parte desglosar el desempeño de quienes trabajan allí. Interesante también es para el observador presenciar el feeling (por decirlo de algún modo) peculiar entre Fanego, astuto, de la vieja escuela y Ammann, joven, con recurso a la tecnología como parte de su procedimiento laboral, pero novato.
En el film, más allá de algunas cuestiones discutibles, se destaca la apelación a una intriga que permanece hasta el final y una tensión que emerge cuando se la necesita. El desenlace, quizás con algunos cabos sueltos en la mente del espectador para que piense, haga memoria y dictamine el veredicto definitivo.

LO MEJOR: elementos técnicos, fotografía. Grandes actuaciones, principalmente de Fanego. Interesante policial con giros apreciables. La aparición carismática y alocada de Norman Briski.
LO PEOR: la desconexión que se da en secuencias que no enlazan como el vínculo entre el personaje de Morán y el de Coronado. El final, no termina de cuajar.

PUNTAJE: 7

jueves, 24 de enero de 2013

Tesis sobre un homicidio - Crítica



Otra eximia muestra de lo que puede dar Darín

Tesis sobre un homicidio es un muy interesante thriller psicológico, narrado inteligentemente sobre una atmósfera oscura y de una factura técnica impecable.
La historia nos remite a un abogado penalista retirado que se dedica a la docencia universitaria, encarnado por un Darín del cual ya nada nos sorprende y, una vez más, vuelve a dar cátedra desde su sublime actuación. Una ráfaga de intriga se apodera de la pantalla al momento de la incursión en escena de un joven proveniente de otro país que decide anotarse en el seminario de criminología dictado por nuestro protagonista.
Apenas pocos minutos más, un asesinato en los alrededores de la facultad acrecienta el clima sombrío que se venía generando. Y, a partir de allí, comienza una suerte de disputa intelectual entre el misterioso muchacho y el experimentado letrado, a base de hipótesis o conclusiones sobre lo que para uno representa la justicia y las refutaciones correspondientes de la otra parte. Ambos moviéndose como si estuviesen en un tablero de ajedrez, con frases sugestivas y dignas de analizar.
Lo raro y a la vez destacable de la película radica en el ascenso del suspense a pesar de contar y mostrar todo el tiempo un solo sospechoso, aquel joven enigmático al que el personaje de Darín no hace más que encerrar en su mente como el autor del homicidio, cayendo en una casi obsesión, con un interrogante que se mantiene en vilo hasta el final.

LO MEJOR: la actuación de Darín. Elementos técnicos, la ambientación intrigante y oscura que se le da. Los diálogos.
LO PEOR: la actuación de Calu Rivero no está a la altura del film.
PUNTAJE: 7,80