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miércoles, 15 de enero de 2014

Her - Crítica


El amor (tecnológico) después del amor

Cualquier palabra que oficie como sinónimo de emotividad y de sensibilidad cuaja perfectamente en lo que respecta al carácter de este film. Her es más profunda de lo que se preveía que podía ser en su tráiler. Lógicamente, la interpretación majestuosa de Joaquin Phoenix (sobresaliente sea cual sea el rol que le toque) juega un papel importante a la hora de sumarle calidad y credibilidad a la proyección.
Con una temática distinta y rara, fiel al estilo del director, la historia nos remite a la vida de Theodore (Phoenix), un escritor de poemas, un tipo solitario y vacío a la percepción. Deprimido por su reciente separación, descubre un sistema operativo portador de un modelo de inteligencia muy peculiar, capaz de entusiasmar a cualquier usuario. Entonces Theodore comienza a entablar relación con la voz femenina que sale de dicho dispositivo, quien se hace llamar Samantha (Scarlett Johansson) y consigue poco a poco conquistar a nuestro protagonista.


¿Puede una persona enamorarse de un sistema operativo? Spike Jonze construye, desde lo improbable de la cuestión en sí, un relato que a pura conmoción y sentimiento colisiona de lleno contra la afectividad del espectador. Her cala hondo en el corazón gracias a la capacidad técnica de su director para sumergirnos en la aflicción de Theodore, un sujeto que desborda ternura y que no puede olvidar a la mujer con la que contrajo matrimonio: los flashbacks, delicados, perfectos, nos retratan lo feliz que supo ser mientras estaba casado, en contraposición con lo angustiante que le significa recordar aquellos momentos.
Jonze explora y va incluso más allá del ya inutilizado Msn; traspasa el chat y todo tipo de vínculo que se forje a través de las tecnologías. Incursiona en el mundo de las novedosas comunicaciones añadiéndole el componente que le permita a una máquina también sentir y evolucionar en ese aspecto. Theodore simplemente se relaciona con una voz detrás de un aparato, pero el enlace es tan fuerte e intenso que no puede frenarlo.
Los primeros planos a Phoenix lo hacen lucirse gracias al nivel de expresividad supremo que posee el actor de The Master. Su mirada perdida, soñadora, ilusionada, más el acompañamiento de una banda sonora siempre tenue hacen estragos y no sólo emocionan sino además inquietan, mortifican y movilizan.
Una película con un guión original, escrito por el propio Jonze. Difícil resulta encontrarle fallas o puntos que obren como elementos negativos. Una narración enternecedora que más allá de cimentarse desde una suposición incierta infunde frenesí y, sobre todo y por más complejo que pareciese, suena convincente. Una joya.

LO MEJOR: el guión, lo profundamente conmovedora que resulta. El hecho de cómo algo improbable pueda dotarse de credibilidad. Una vez más, Joaquin Phoenix se come el film. Vale destacar el buen trabajo de Scarlett Johansson aportando, desde su voz, verosimilitud en lo que expresa. Los flashbacks, impecables.
LO PEOR: el último cuadro, quizás, se podía estirar una pizca de tiempo más.
PUNTAJE: 9

lunes, 16 de septiembre de 2013

Películas del Recuerdo - Being John Malkovich (1999)


La puerta indiscreta

Una propuesta tan distinta como arriesgada, intensa y extraña, con la particularidad de no dejar indiferente al espectador, independientemente de que lo conquiste o no.
Being John Malkovich es una comedia fantástica, en ambos sentidos de la palabra: desde el surrealismo y el costado que merodea la ficción y desde lo interesante y atractiva que resulta. Spike Jonze saca a relucir su producto envuelto en una enredadera creativa capaz de hipnotizar y a la vez confundir, a base de cuestiones insólitas, irreales y apelando a un humor absurdo pero apreciable y bien concebido.
John Cusack encarna de modo muy natural y creíble a un titiritero talentoso, cuyo arte callejero nunca logra dar el salto de calidad que lo catapulte hacia un negocio rentable en su rubro. Empujado por su mujer (una afeada Cameron Diaz), obtiene empleo en una suerte de antro ubicado en el piso 7 y medio de un edificio. Allí descubre (además de a una sugerente Catherine Keener) un pequeño compartimento que opera como un túnel transportador hacia la mente de John Malkovich, lo que le permite visualizar las cosas a partir de sus ojos.


La película es una clara de muestra de cómo, pese a su excentricidad y a lo remoto de los acontecimientos, abordar asuntos que hacen al pensamiento del ser humano. Dentro de ellos encontramos el deseo, la ruptura, el engaño, la desazón por el fracaso y la desilusión, pero por sobre todas las cosas, la sensación de exteriorizar a través de otro lo que uno advierte que no puede alcanzar por cuenta propia.
Con unos cuarenta minutos iniciales envolventes, Being John Malkovich acapara nuestra atención trasladándonos espontáneamente a la experimentación de estados magnéticos, casi de la misma forma en que sus personajes se introducen en ese portal dentro del que vuelcan todas sus desinhibiciones inconscientes, sexuales y proyectuales. Todo aquel universo ilusorio y algo retorcido que crea Jonze cuenta con el infortunio de sufrir algunos parates en lo que concierne al desarrollo de la proyección, desenlazándonos brevemente, pero luego resurgiendo gracias a unos sugestivos virajes argumentales que terminan redondeando una más que estimable obra.

LO MEJOR: el ingenio para idear y sumergir al espectador en un mundo tan estrambótico. Las actuaciones, convencen todas. Un producto distinto. El tipo de humor aplicado funciona.
LO PEOR: parece plancharse un poco y resultar, por momentos, que pierde el rumbo o eje.

PUNTAJE: 7,6