jueves, 15 de mayo de 2014

3 días para matar (3 days to kill) - Crítica


Super Daddy

Ya todos conocen el particular y poco común estilo de Luc Besson en cuanto a la construcción de las historias. Aquí en 3 días para matar, el francés se encarga del guión y de la producción del film. El nexo lo hace con McG, responsable de la dirección. Quienes suelen ir a ver una proyección tramada por Besson sabiendo de qué van sus relatos y qué tipo de situaciones se entremezclan en ellos sin demasiado sentido de la lógica, es difícil que clamen por coherencia o sencillez. En esta entrega no hay excepciones pero tampoco grandes sorpresas que realcen el status o la calidad de lo que se expone en la gran pantalla. El arranque, demoledor, con mucha fibra, adrenalina, tiros y retumbes explosivos, juega una suerte de doble faz: una que aparenta enseñar un costado pochoclero y enérgico (algo que si bien luego no se pierde, lejos está de ser desbordante); y otra que deja entrever la línea humorística adoptada de ahí en adelante.
Costner encarna a un padre ausente, muy ocupado por su trabajo (agente-espía), que al recibir el diagnóstico de una enfermedad terminal decide al fin comenzar a pasar tiempo con su hija. En el medio, recibe un último encargo que incluye le provean la dosis de un remedio que le permita sobrevivir y alargar su período de vida. Sin embargo, esta droga experimental, también puede ocasionarle alucinaciones.


Alrededor de dos horas dura 3 días para matar, algo que, para el tipo de acontecimientos que hay por desarrollarse parece (y además se hace) extenso. Lo que inicialmente prometía ser otra narración dotada de municiones desparramadas y de un ritmo ágil y desenfrenado se va diluyendo con el correr de los minutos, virando hacia una serie de hechos que se dividen y reparten entre el drama, el thriller y la acción. Bocanadas o trozos diversos que transforman a la película en una suerte de “multigénero”, en el que el primero de los elementos mencionados recientemente cobra, curiosamente, más protagonismo que los otros. Quizás allí, en ese afán de abarcar varias temáticas a la vez es donde encontramos la dificultad central del producto escrito por Besson; el problema no es la exploración de diferentes subtramas o la indagación en rubros distintos, sino su intermitencia y falta de profundidad para abordarlos, detalles que desenlazan en ciertos pasajes al espectador.
Interesante y entretenida aunque irregular, el film se gana unos puntos gracias a la sólida, carismática y convincente gran interpretación de Kevin Costner.

LO MEJOR: la actuación protagónica. Entretiene. Agradable cuando se apela a determinadas instancias graciosas.
LO PEOR: intermitente. Da la sensación de que se podría haber resumido en menos metraje.
PUNTAJE: 6


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