sábado, 28 de noviembre de 2015

Testigo íntimo - Crítica



Hermanos, adulterio y crimen

Testigo íntimo representa la segunda película en la filmografía de Santiago Fernández Calvete, también a cargo del guión. Se trata de un policial en el que la intriga se encuentra bien dosificada, siendo tal vez uno de los componentes que más atrae al espectador, manteniéndolo en vilo hasta el final.
Facundo (Felipe Colombo) es un joven abogado que trabaja para el estudio de su suegra (Graciela Alfano). Su vida comienza a sufrir altibajos, tanto en lo que concierne al ámbito laboral como en lo que respecta a lo sentimental. Este último aspecto es el que se torna más importante e inquietante, puesto que Facundo lleva una relación clandestina con Violeta, la pareja de su hermano Rafael.


Vale la pena remarcar la apreciable labor realizada por el director, quien nos sumerge en los hechos combinando una puesta en escena prolija y cautivante con una historia que, más allá de algunas irregularidades, se percibe entretenida y enigmática en virtud de lo que el observador intente vaticinar que pueda llegar a ocurrir con el correr de los minutos. Es aquí, en el apartado volcado a la intriga, donde Testigo íntimo saca mayor provecho: el crimen es abordado desde diferentes ángulos que nos permiten reflexionar acerca de la presencia cada vez más omnipresente de la tecnología (cámaras de seguridad, redes sociales, mensajes de texto), así como también sobre el componente afectivo y los lazos familiares, en este caso entre los hermanos y sus respectivas relaciones de pareja, con todo el embrollo que se da en la trama vinculado a la infidelidad. Los secretos parecen ir difuminándose en tiempos tecnológicos.
Si bien la obra tan sólo dura poco más de hora y media, es en el nudo de la narración donde las cosas se vuelven un poco menos atrayentes por la dificultad que se siente, desde este lado de la pantalla y por parte del relato en sí, para generar un clima de mayor desasosiego y de menor nivel reiterativo.
En el tramo final, Santiago Fernández Calvete dota a su proyección de nervio, arribando al máximo grado de conexión y de expectativa. Es allí, en el desenlace, donde Testigo íntimo consigue redondear una performance positiva valiéndose de unas vueltas de tuerca ingeniosas y poco esperadas, de esas que necesita un thriller para revalorizarse y dejarnos una buena sensación de conformidad.

LO MEJOR: el nivel de intriga que conserva. El cierre, con sus giros.
LO PEOR: intermitente en determinados pasajes. La música desentona en algunas secuencias.

PUNTAJE: 6,5

domingo, 4 de octubre de 2015

The Visit - Crítica



Extraños anfitriones

Hace bastante que las proyecciones de M. Night Shyamalan vienen dejando un sabor bastante amargo en el público. El efecto es peor cuando el rechazo se produce en quienes se autodenominaron como seguidores de las obras cinematográficas del director de The Sixth Sense.
El caso de The Visit, representa una suerte de redención, puesto que el hindú, sin forzar las situaciones y con un estilo para nada pretencioso, consigue recuperar parte de la esencia del buen cine que lo supo caracterizar al menos en sus primeras cintas (incluyendo a The Village). También es una demostración de que con bajo presupuesto se puede obtener un resultado interesante y cautivador a la vez.
La historia se centra en dos pequeños hermanos que van a visitar a sus abuelos, sin haberlos conocido antes, por un problema familiar que los alejó de su madre. Los niños filman todo lo que viven como experiencia allí. La regla impuesta por los ancianos radica en que los jovencitos deben acostarse a las 21:30 hs. y no salir de su habitación a partir de ese horario. Lo que van descubriendo empieza a tornarse cada vez más retorcido.


Shyamalan recurre a una especie de falso documental para abordar el relato, diferenciándose de diversas piezas del género de terror al añadirle unas cuantas pizcas de humor que funcionan como un canal que hace más llevadero el asunto. Estos toques humorísticos con los que el realizador adorna la película son los que aportan frescura y separan a la obra de otras que, en un intento serio por suscitar temor, acaban resultando unilaterales, monótonas y carentes de impronta o creatividad. Es una clara y buena muestra de cómo valerse del empleo de un recurso tan utilizado (y cada vez de forma menos efectiva) como el "found footage", al servicio de una historia simple pero contada de manera socarrona, intrigante y levemente aterradora.
Los pequeños Olivia DeJonge y Ed Oxenbould sostienen, a lo largo de todo el film, sus interpretaciones muy convincentemente, algo que suma de cara a la valoración final de The Visit. Más allá de lo mencionado y de unos apreciables sustos (sencillos pero prácticos), queda la impresión de que se pudo haber pulido un poco mejor el desenlace. En líneas generales pesa más lo positivo y, dentro de ello, queda la mecha encendida para que a partir de aquí el director continúe remontando en sus próximos proyectos.

LO MEJOR: la historia, sencilla, pero abordada desde la intriga, el terror y la comedia.
LO PEOR: el cierre, no convence netamente.

PUNTAJE: 7

jueves, 24 de septiembre de 2015

Maze Runner: Prueba de Fuego (Maze Runner: The Scorch Trials) - Crítica



Más corridas, menos entusiasmo

Maze Runner: Prueba de Fuego termina dejando una sensación muy diferente de la que supo causar en el espectador la entrega precedente, también bajo la dirección de Wes Ball. La frescura y el grado de sorpresa que distinguieron a aquella pieza cinematográfica que abría la saga se ausentan en esta segunda edición, o al menos lo que se visualiza en pantalla se percibe, a medida que los minutos pasan, como cada vez más insustancial.
Thomas (Dylan O’Brien) tendrá que buscar, junto a sus compañeros, pistas sobre la poderosa organización conocida como CRUEL, a fin de desenmascarar los planes que los superiores de este orden vienen engendrando.


Tras un comienzo entretenido y bien dosificado de intriga en relación a lo que experimentan nuestros protagonistas, la cinta logra mantener la expectación gracias al ritmo trepidante que porta. En la primera mitad del film el observador puede sentir entusiasmo y conformidad, producto de las largas maratones que Thomas y compañía llevan a cabo huyendo de acechantes de todo tipo. También es factible que gran parte del público pueda sentir, siguiendo con este último punto, que la diversidad de elementos antagónicos que ponen el asunto en apuros, desde la persecución de Janson (Aidan Gillen) y su entorno hasta la embestida de zombies (sí, extrañamente emergen zombies) resulte algo traída de los pelos o, a primera impresión, de apariencia inconexa en parangón con lo que se podía esperar de su desarrollo. Es así como la historia se sumerge en un peculiar cóctel de acontecimientos y sujetos o especies variadas, poniendo en riesgo nuestras expectativas creadas de antemano.
Es cierto que, de todos modos, se trata de una adaptación de la saga literaria de James Dashner y sus componentes fueron ideados en la obra. No obstante, en el salto a la pantalla grande existen cuestiones no abordadas de la mejor forma, algo que irremediablemente atenta contra la proyección en sí, debilitando gradualmente la urdimbre sobre la que se había tejido el relato al principio.
Uno de los problemas más notorios de Maze Runner: Prueba de Fuego radica en la manera en que los eventos de mayor precipitación se resuelven: la aparición de cualquier factor que salve a uno u otro personaje a último momento se aplica con tanta reiteración que lo que más se consigue es el agotamiento del recurso y, como consecuencia de ello, la pérdida del factor sorpresa.
La cinta de Wes Ball se encuentra partida en dos: una porción, la que nos enseñan al arranque de la película, es disfrutable, inquietante y enérgica; por lo contrario, el fragmento restante que ocupa espacio desde la mitad hasta el desenlace, resulta más pesado, previsible y falto de fibra.

LO MEJOR: la primera mitad del film. La grata presencia de Giancarlo Esposito (el gran Gustavo Fring de Breaking Bad).
LO PEOR: pierde fuerza conforme avanzan los minutos. Algunas actuaciones no convencen ni generan empatía.

PUNTAJE:

lunes, 21 de septiembre de 2015

Lost River - Crítica



Fantasía y pesadilla

Ryan Gosling toma el mando en la dirección (y en el guión) de Lost River, película que representa su ópera prima detrás de las cámaras. El protagonista de Drive deja entrever un estilo peculiar y arriesgado al valerse en casi todo momento de climas sombríos, desoladores y sumamente extravagantes.
El film nos remite a la vida del personaje que compone Christina Hendricks, aquí en la piel de madre de dos hijos en un sitio en el que el panorama es cada vez más angustiante. El mayor de ellos descubre una ciudad subacuática y una serie de misteriosas cuestiones que la rodean. Este intentará salvar a su familia de la desfavorable realidad que soportan cotidianamente.
Lost River parece beber del surrealismo que supo crear David Lynch para sumergirnos en un relato que en ciertos pasajes se vuelve curiosamente hipnótico. Muchas de las escenas que Gosling nos enseña están bañadas de perversidad, como incluso ocurre con algunos de los personajes que conforman la historia. De hecho, uno de ellos hasta podría compararse con aquel encarnado por Dennis Hopper en Blue Velvet, clásico de culto de los ochenta.


Pero en ese extraño mundo que se nos presenta no todo tiene el mismo nivel de conexión. El espectador puede llegar a impactarse por el aspecto visual de la cinta (sobre todo por el trabajo de fotografía) pero también puede sentir que está frente a un producto cuyo entretenimiento es irregular. Existen pasajes que condicionan la valoración del público por su exceso de densidad. Una ciudad que a cada instante se percibe oscura, brumosa y varios habitantes que sienten atracción por el morbo derivado de unos exóticos actos que se dan en una suerte de club nocturno. Cualquier cosa puede pasar. El ahora también director explora de una manera metafóricamente retorcida las mentes humanas, los vicios y unos cuantos asuntos que se entremezclan entre la fantasía y lo onírico que ofrece continuamente la narración. Un ambiente podrido, triste y malsano.
Lost River es una película tan difícil de analizar como de clasificar. Tal vez se trate de dejarse llevar, de ser transportado a una sucesión de sensaciones diversas, confusas y magnéticas. En instancias puede que los acontecimientos suenen ilógicos, descabellados, pero la premisa de la proyección no pasa por brindar secuencias que formen parte de un guión sólido sino más bien por intentar sugerir una experiencia extraña, surrealista y distinta del común de las historias.
Actuaciones correctas, sin una acentuada profundización en los personajes. Probablemente Christina Hendricks sea la más destacada aun sin brillar en su papel. Si bien la obra de Ryan Gosling peca por la constante lentitud de los eventos que se sortean y por parecer algo pretenciosa, posee la cualidad de no dejarnos indiferentes.

LO MEJOR: lo curiosamente magnético que resulta en determinados momentos el film.
LO PEOR: difícil de clasificar. En algunos pasajes la cinta se hace interminable.

PUNTAJE: 4,9

sábado, 12 de septiembre de 2015

Cop Car - Crítica



Juego de niños

Cop Car, la propuesta de Jon Watts (director de Clown), contiene la pausa, el tono y el relajado andar que suele caracterizar, entre otras cosas, a muchas obras de cine independiente. Se trata de una pieza pequeña pero efectiva, revitalizada por la presencia que presta el siempre cumplidor Kevin Bacon. Diferente habría sido el resultado de la cinta (y el interés del espectador en verla) si no estuviese el mencionado actor como aliciente más destacado, en el protagónico y como cara visible del póster de la película.
La historia comienza enseñándonos cómo dos pequeños matan el tiempo caminando por los solitarios sitios de un pueblo, dando rienda suelta a lo que se desprenda de sus mentes aventureras. Todo parece inocente, agradable, hasta que encuentran un coche de policía aparentemente abandonado y deciden subirse para dar una vuelta. A partir de ese punto de inflexión y principalmente cuando el guardia (Kevin Bacon) descubre que su vehículo no está donde lo había dejado, las cuestiones se van tornando más tensas.


Lo interesante de Cop Car radica en el hecho de cómo se pueden complicar las cosas abruptamente desde lo que en teoría podría describirse como una simple travesura de niños. Los jovencitos, a su temprana edad, sólo quieren divertirse y fantasear con que manejan un auto, sin tomar verdadera conciencia de lo que están haciendo. El asunto se vuelve más problemático a medida que vamos conociendo el comportamiento del sheriff, quien se encarga de realizar una persecución cada vez más aguda.
Jon Watts demuestra sus dotes como director a través de un elogiable manejo de cámara, regalándonos una buena cantidad de planos interesantes al servicio de una especie de thriller rural que con el correr de los minutos gana puntos, tanto en la rigidez del relato como en entretenimiento.
Cop Car conserva la intriga acerca de cómo puede llegar a resolverse el embrollo en el que se metieron los pequeños, así como también juega con acrecentar el suspenso al guardarse algún que otro giro sencillo pero funcional a todo aquello que complique, todavía más, los acontecimientos.
A pesar de la escasa duración del film (menos de hora y media), queda la sensación de que la historia pareciese propia de un corto antes que de un largometraje. Tal vez hacia el desenlace, se palpa una cierta dificultad para darle un cierre conciso y convincente a la obra.

LO MEJOR: entretenida. La idea original en sí. El rol de Bacon.
LO PEOR: una propuesta menor que no termina siendo explotada por completo.

PUNTAJE: 6,2

sábado, 29 de agosto de 2015

Southpaw - Crítica



El último uppercut

Southpaw, el flamante trabajo de Antoine Fuqua (Training Day, The Equalizer) es un drama de boxeo casi estereotipado que aparenta beber de varias fuentes propias de obras cinematográficas similares. Se trata de una historia tal vez poco novedosa, pero volcada en la gran pantalla de forma correcta, prolija e incluso entretenida, que se sostiene principalmente por la soberbia actuación (otra vez) de Jake Gyllenhaal. El acompañamiento de los secundarios conforma también un lugar importante.
Billy Hope (Jake Gyllenhaal) es un boxeador en ascenso que, tras mucho esfuerzo (y sangre derramada durante cada noche de pelea arriba del ring), vive en una mansión con su esposa Maureen (Rachel McAdams) y su pequeña hija Leila (Oona Laurence). De a poco, todo comienza a complicarse desde el aspecto económico hasta el relacionado con los afectos. Además (lo más significativo) un trágico episodio da vuelta por completo las cosas, desmoronando la vida de Billy, quien deberá comenzar de cero para sobreponerse y salir a flote.


Fuqua aborda un relato predecible, tal vez con muchos lugares comunes y situaciones que dan la sensación de que ya las hemos visto antes. Los diálogos en Southpaw tampoco son memorables; se trata simplemente de una narración acentuada por el intenso dramatismo que supone el hecho de perderlo todo de un momento a otro, de caerse y tocar fondo. El desafío radica en volver a levantarse. La esperanza, la fe en uno mismo, los valores y los códigos aparecen en una buena cantidad de pasajes para remarcarnos la lucha constante de nuestro protagonista ante una realidad que lo ha golpeado más duro que cualquier otro adversario dentro del cuadrilátero. El director, aprovechando lo que caracteriza a la narración y a la temática en sí, toma algunos elementos de proyecciones (y personajes de estas) semejantes y los planta en escena, permitiendo así que el espectador, casi de forma automática, pueda encontrar en Southpaw referencias o ciertas similitudes en relación a films tales como Rocky o Million Dollar Baby, por citar dos ejemplos.


Mención especial merece Jake Gyllenhaal, puesto que su labor aquí es tan grande y sentida que deja en evidencia que sin su colaboración la cinta sería mucho más olvidable e intrascendente de lo que en verdad se percibe. El actor de Brokeback Mountain supo conquistar como un detective con tics nerviosos en Prisoners, así como también cautivó a través de un doble juego de personalidades en la intrigante Enemy. Ni que hablar del sociópata ojeroso e inescrupuloso que compuso para personificar a Louis Bloom en Nightcrawler. En esta oportunidad y con un nuevo cambio físico, Gyllenhaal encarna a un boxeador parco, hundido en la angustia y con una ira acumulada que amenaza a cada instante con salir a la luz. Lo admirable no radica sólo en su virtuosa, sobresaliente y conmovedora interpretación, sino además en la capacidad que posee para no repetir siquiera un gesto de los roles que le hayan tocado desempeñar con anterioridad.
Más allá de una continua inclinación hacia lo dramático e incluso a pesar de pasarse un poco de la dosis justa de acontecimientos en los que emerge el golpe bajo, Southpaw convence y entretiene. La emotividad se fusiona con la tensión y la adrenalina que poseen las secuencias de boxeo (muy bien rodadas).

LO MEJOR: la brillante actuación de Gyllenhaal. Sólida tarea de Forest Whitaker, principalmente, y secundarios. Conmovedora, una historia bien narrada.
LO PEOR: predecible. Tiende a abusar de las situaciones dramáticas.

PUNTAJE: 7,6

domingo, 23 de agosto de 2015

El Clan - Crítica



La casa del horror

El esperado film de Pablo Trapero, que inquietaba de la misma forma en que motivaba con lo que se podía apreciar en su tráiler, no decepciona. Esencial resulta la mano del director de Carancho para que la narración conserve el interés y mantenga netamente enfocado al espectador. En la balanza, pesa mucho más lo positivo, y dentro de ello vital importancia encuentra el rubro técnico. El rodaje y lo sonoro acaban resultando dos de los aspectos mejor trabajados en la aberrante crónica acerca de la familia Puccio.
Basada en hechos reales y ambientada en la década del ochenta (con determinados  apartados que van remarcando el contexto y la época), El Clan introduce al observador en lo que probablemente haya representado uno de los casos policiales más estremecedores de la historia de la sociedad argentina. Arquímedes (Guillermo Francella) es el padre de cinco hijos y esposo de Epifanía. En el interior de la familia Puccio, de apariencia unida y formal para quienes ven desde afuera, se esconde un oscuro clan dedicado al secuestro extorsivo y asesinato de personas. Todo bajo la estructurada, fría y horripilante planificación de Arquímedes, acompañado por dos de sus hijos, Alejandro (Peter Lanzani) y “Maguila”, el militar retirado Rodolfo Franco y sus amigos Guillermo F. Laborde y Roberto Díaz.


El Clan funciona principalmente por la forma en que Trapero nos sumerge en los acontecimientos a través de un pulso narrativo firme. La proyección no requiere de un relato desbordante de nervio para intrigar y cautivar. Su ritmo, en ocasiones pausado, no se presenta como un obstáculo para el visionado de la obra, sino más bien como un ejercicio dotado de misterio que despliega un apreciable halo de magnetismo, producto también de la atmósfera siniestra y del carácter perverso, propio de cada uno de los sucesos que se van exhibiendo.
Destacable es el papel desempeñado por Guillermo Francella, quien incluso después de su rol en El secreto de sus ojos continuó, para muchos, encasillado como un actor cómico. Francella supera altamente el desafío impuesto para encarnar al inescrupuloso Arquímedes. Las dudas que se acumulan al comienzo del film sobre la performance de nuestro intérprete central, se van disipando conforme los minutos pasan hasta evaporarse por completo desde la segunda mitad hacia adelante, instancias en las que el psicópata padre de familia nos muestra, con mayor voracidad, su lado más vil y repudiable. Por otra parte, entre algunos secundarios quizás de tibia labor, el que realmente convence a través de su interpretación es Peter Lanzani.
El empleo de la cámara no es un detalle menor en El Clan. Pablo Trapero se encarga de deleitarnos con algún que otro elegante y sugerente plano secuencia (como el que se puede visualizar en el tráiler) para darle continuidad a una escena, añadirle una pizca de suspenso y a la vez descubrir un determinado hecho. Además, muchos de los pasajes de la cinta ganan puntos extra gracias a un excelente soundtrack (suena desde Wadu Wadu de Virus hasta Tombstone Shadow de Creedence) que se fusiona gratamente con las situaciones que se exponen, otorgándole un nivel más alto de dinamismo y de enlace, algo que contagia y además entusiasma al público.
En un 2015 en el que tal vez no nos hayamos topado con piezas cinematográficas descollantes, El Clan emerge como una apuesta fuerte, que se vale de una historia narrada sólidamente y poseedora de un final sobrio, admirable.

LO MEJOR: el relato, la gran interpretación de Guillermo Francella. La música combinada con la maestría de rodaje de muchas escenas. El desenlace. Interesante labor de Peter Lanzani.
LO PEOR: algunos roles secundarios modestos, aunque no del todo convincentes.

PUNTAJE: 8,6