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sábado, 7 de marzo de 2015

Películas del Recuerdo - Punch-Drunk Love



Alocado y excéntrico amor

En el año 2002, Paul Thomas Anderson dividía al público, prácticamente sin medias tintas, cambiando su registro y dando a luz a Punch-Drunk Love. Mientras las comedias románticas no ofrecían nada nuevo al enseñarnos una y otra vez el mismo tipo de historias, el director de Magnolia apostaba sus fichas a un tono diferente y excéntrico (fiel a su estilo) dentro del género. El resultado fue una suerte de experimento envolvente, amado por muchos y odiado por otros tantos.
Lo que para un cúmulo de personas resultó un aburrimiento sin sentido, para otro gran porcentaje acabó siendo una obra única y magnética. Existen cuestiones que separan a defensores de detractores: sobre gustos no hay nada escrito y en este aspecto nunca se pondrán de acuerdo entre ambos bandos, pero lo que se desprende como irrefutable es el carácter original (y arriesgado) que supo distinguir (y todavía distingue) a la proyección de Anderson de una amplia variedad de películas que se lanzaron en el rubro.
Punch-Drunk Love contó con la peculiaridad de trabajar en el inconsciente del ser humano (algo curioso y recurrente dentro de la filmografía del realizador), llevando al espectador a experimentar una diversidad de sensaciones con las que se sienta a gusto sin poder explicar con certeza por qué. Para conseguirlo, vale remarcar, en primera instancia, el magnífico y sorprendente rol ejercido por Adam Sandler como Barry, un sujeto solitario, introvertido, al que le cuesta expresar sus emociones. Dueño de su propio negocio y criado alrededor de siete hermanas, Barry es más misterioso de lo que nos muestra la historia apenas en su escena inicial (en la que descubre cómo sacar provecho de una falla en una promoción para obtener importantes beneficios). Su vida da un giro brusco ante la aparición de una mujer llamada Lena (Emily Watson) casi tan rara como él, con la que inicia una aventura romántica.


Anderson supo aplicarle al relato unas breves dosis de surrealismo en determinados pasajes, dejando marcado su sello y permitiendo así que el asunto suene más interesante. Otro de los aciertos, además, estuvo dado en la elección de una musicalización tan extraña como agobiante. Las melodías que acompañaron cada secuencia se valieron de una condición opresiva y sofocante, transportando al observador a insólitos y abrumadores estados (muchos consideraron este elemento como algo insoportable).
Lo que captó la atención de gran forma fue esa capacidad de volcar a la pantalla una relación de amor entre dos personajes acomplejados, estando ambos más cerca de lo “freaky” que de lo cuerdo. De ese vínculo singular, de esa sensación de que cualquier cosa puede pasar, se desprenden cuestiones que permitieron que el film gane puntos en imprevisibilidad, algo que definitivamente lo hace todo más atractivo. La paranoia, la locura, el retraimiento de Barry y la personalidad intrigante de Lena sirvieron para introducirnos y hacernos partícipes de la estrafalaria conexión entre los intérpretes centrales.
Lo trillado se hizo a un lado. Punch-Drunk Love no aceptó ningún tipo de acontecimientos vistos y quemados por las típicas y sensibles comedias románticas. Paul Thomas Anderson conmovió a su manera: lejos de un humor hilarante y más próximo a un tono absurdo, repentino e inesperado, el realizador arriesgó y consiguió, nuevamente, diferenciarse.

LO MEJOR: lo original de la propuesta, la forma elegida para narrarla. La increíble interpretación de Adam Sandler. Excéntrica y diferente, combinó la comedia con el drama romántico. La música, agobiante acorde a los estados y momentos del protagonista.
LO PEOR: esencial verla con paciencia.

PUNTAJE: 8,5

jueves, 3 de abril de 2014

Películas del Recuerdo - La ventana indiscreta (1954)


Alma de voyeur

Película de culto del gran maestro del suspenso, para muchos la mejor de sus obras. Difícil resulta inclinarse por uno de sus films a la hora de elegir cuál ha sido el más redondo de “Hitch”, pero La ventana indiscreta (Rear Window) reúne todos los requisitos como para posicionarse en el “top three” si nos remitimos a la brillante filmografía del director londinense. Curioso pero, más importante aún, admirable resulta el hecho de que a casi sesenta años de su estreno (en Estados Unidos), la historia no pierda fuerza al ser visionada nuevamente por cualquier espectador que haya tenido el agrado de haberla observado. Allí reside el valor de su trascendencia.
James Stewart encarna aquí a un reportero especializado en la fotografía. Con una pierna enyesada y varado en silla de ruedas a causa de esta lesión ósea, nuestro protagonista no hace más que ocupar su tiempo en observar por la ventana de su departamento el accionar y los movimientos de sus vecinos. Al no tener otro divertimento, comienza a descubrir algunos comportamientos extraños provenientes de un alojamiento en particular. Tales conductas despiertan en él una sospecha.


Hitchcock se disfraza de mago y crea una atmósfera intrigante tan sólo valiéndose de escenarios reducidos. Todo se limita a transcurrir dentro del ambiente de la figura principal y a sus alrededores, a través de una panorámica que el realizador explora enseñándonos lo que ocurre en hogares cercanos al de este personaje central. Y así construye una suerte de pequeños sketchs, si se permite el término, o mini historias de cada sujeto en su morada, en subtramas coloridas que no abandona en ningún momento, más allá de posarse especialmente en una de ellas, la que actúa como eje movilizador del relato y como punto de inflexión.
El director de Vértigo expone su propio y conocido flanco de voyeur en un James Stewart que funciona cuando apela a la ironía dialéctica y al divague chismoso y no cierra del todo cuando debe reflejar la desesperación que requieren las instancias de mayor nervio. Es el primer aspecto, el del “espionaje vecinal”, el más atractivo, misterioso y por qué no simpático de la cinta, puesto que lo hace sentirse partícipe y cómplice al público de lo que sucede. ¿Acaso quién nunca ha curioseado e indagado con una mirada, mínimamente de refilón, lo que invita a mostrar una ventana o puerta abierta de una casa? En el fondo, en el interior, todos conservamos una pizca de voyeurismo.

LO MEJOR: la historia, sus diálogos, sinceros, convincentes y naturales. La intriga que posee. Los momentos de tensión, impecablemente logrados. La forma en que se filma todo, los planos y movimientos de cámara. Entretenida y memorable.
LO PEOR: en los pasajes de mayor rigidez, las expresiones actorales no están a tono con dicho suspenso.

PUNTAJE: 8,7

sábado, 29 de marzo de 2014

Películas del Recuerdo - Tesis (1996)


De intriga y snuff movies

Ópera prima de Alejandro Amenábar (poseía dos mediometrajes en su haber) que se convirtió en película de culto. Tesis sorprendió y enlazó al público por su carácter intrigante en un thriller que vira mientras se va desarrollando de modo que el observador no tenga todos los cabos atados hasta el final. El realizador no se estancaría en su filmografía y cosecharía más adelante proyecciones de gran calibre como Los otros y Mar Adentro, entre otras, remarcando así su buena mano desde la dirección y el guión.
Ángela (Ana Torrent) es una estudiante que prepara su tesis sobre la violencia audiovisual. El director de su trabajo universitario se presta a brindarle ayuda para buscar información adicional en la facultad, pero lo encuentran muerto mientras observaba un video. Ángela empieza a entablar relación con Chema (Fele Martínez), un compañero de rara apariencia, fanático y coleccionista del gore y de la pornografía. En el medio, emerge Bosco (Eduardo Noriega), un joven de extraños comportamientos.


Amenábar  hace más atractiva la historia al valerse de una musicalización que juega a favor del suspenso, ocasionando estados de tensión y nervio que de a ratos le hacen un guiño a buenas cintas de terror. La atmósfera que crea en los momentos de mayor rigidez porta un tono tan oscuro como exasperante, colaborando así con la cimentación de un thriller nato, puro y poseedor de aquellos elementos primordiales que los amantes del género le piden a todo producto de este rubro. Pero también, la presentación y el desenvolvimiento de los personajes transcurren mientras desenmarañan y a la vez vuelven a liar los eventos, esparciéndose a través de un entretenimiento de misterio no resuelto hasta el desenlace, en ese agradable despiste que suelen tener los films que involucran a uno o más asesinos a desenmascarar.
Amenábar explora hábilmente esa peculiar curiosidad de la gente por el morbo. Ante aquellos acontecimientos desagradables, sangrientos y/o shockeantes y aún sabiendo que les puedan causar una mala impresión o un recuerdo ingrato en la mente, muchas personas sienten esa suerte de necesidad de querer mirar, investigar e indagar de qué se trata. Por ello también expone en pantalla la cita a las denominadas snuff movies, esos videos violentos sobre asesinatos, descuartizamientos y otras yerbas. La antítesis a este tipo de filmaciones la invoca a través de Ángela, la protagonista, quien las repudia pero, así y todo, en ciertas instancias no puede evitar abrir un hueco entre los dedos de la mano que tapan su vista para merodear y observar; o bien inmiscuirse entre hombres y mujeres intentando visualizar cómo quedó el cuerpo de la víctima de un accidente.
Incluso con determinadas y leves fallas, o más bien discutibles resoluciones, Tesis resulta una muy buena película, un clásico de gran factura técnica que cumple con creces su objetivo de conectar al espectador, tensionarlo y a la vez entrenerlo.

LO MEJOR: la construcción de personajes, las actuaciones. Intrigante, oscuro, muy bien llevado. Thriller neto, de los disfrutables. Cautivante banda sonora, suspenso asfixiante.
LO PEOR: aproximándose hacia el final parece decaer levemente en dos o tres secuencias de menor ritmo. Determinaciones del tipo “¿cómo llegó tal sujeto allí?”.

PUNTAJE: 7,8

viernes, 7 de marzo de 2014

Películas del Recuerdo - Unforgiven (1992)


A cara de perro

Cuatro Oscar se llevó por aquel entonces Unforgiven (Los imperdonables), entre ellos el de mejor película y el de mejor director. Un western inolvidable a cargo de Clint Eastwood, también protagonista, y escoltado por un reparto dotado de grandes personificaciones como las de Gene Hackman (enorme actuación como un sheriff vil, odioso) y Morgan Freeman.
En esta oportunidad, Clint, con su particular ceño fruncido, encarna a William Munny, un pistolero viudo padre de dos niños. Un hombre que supo hacer todo tipo de trabajos sucios vinculados a su pasado como sicario. El destino lo vuelve a poner al ruedo cuando un jovencito lo va a buscar, conociendo su oscuro historial, para que lo acompañe en un encargo cuyo objetivo son dos vaqueros que le cortaron la cara a una prostituta.


No hay síntomas de pesadez ni de aburrimiento durante las dos horas de metraje de Unforgiven. Todo transcurre y es narrado bajo un ritmo ameno, disfrutable, en donde cada diálogo permite ir elaborando y construyendo una idea de cada personaje. Reflexiones, valores, códigos de amistad y acertadas secuencias en las cuales los tiroteos y los enfrentamientos se asocian con la tensión forman parte de algunos de los componentes que priman en la proyección. Pero lo más atinado y apreciable radica en la desmitificación del héroe que Eastwood expone en pantalla al evidenciar, en la narración, que ninguno que se presente como bueno esencialmente lo es, al acarrear manchas o eventos salvajemente desafortunados en su haber.
A pesar de la enmarcación de William Munny como el sujeto elegido a la hora de la venganza, o aún tras su alejamiento del alcohol y de toda encomienda (por algunos años) que tenga que ver con la matanza, o incluso más allá de la empatía que el observador pueda tener con él, sus antecedentes son repudiables, injustificables. Imperdonables, de eso se trata.
Sangre fría, pulso firme, culpas y una hombría que parece medirse, desde la leyenda (acertadamente rebajada) que avale como más valeroso a todo aquel que haya sabido cargarse a unos cuantos a puros balazos. Unforgiven aborda todo eso y se percibe de manera aún más profunda. Un western en el que las fábulas acerca de hazañas cometidas por figuras llevadas a la gloria como paladines pueden resultar más grandilocuentes dependiendo de quién las cuente. Una cinta memorable, imprescindible, en donde la inocencia no obra como denominador común en ninguno de los sujetos ni mucho menos.

LO MEJOR: las actuaciones de los tres personajes principales. La historia y el modo en que se cuenta, con profundidad incluso aún tratándose de un relato de tipos recios del oeste. La mano de Clint Eastwood para abarcar todo desde la dirección y desde su encarnación.
LO PEOR: la presencia de tramos predecibles.
PUNTAJE: 8,8



martes, 4 de marzo de 2014

Películas del Recuerdo - Vértigo (1958)


Retrato de una obsesión

No tan reconocida como Psicosis aunque para muchos la “Masterpiece” suprema del gran Alfred Hitchcock, Vértigo, catalogada como película de culto, va desmenuzando a través de sus casi dos horas de metraje las desolaciones y estados de ánimo cambiantes y profundos del ser humano. Para ello, lógicamente se vale de unas buenas dosis de intriga y, también, para agrado del público, de virajes argumentales que se descubren en los pasajes finales del film.
James Stewart (el “voyeur” de La ventana indiscreta) interpreta a un detective, Scottie Ferguson, que padece de vértigo tras un trágico episodio vinculado a la caída de una cornisa de su compañero. Retirado, un antiguo colega de estudios, Gavin Elster, le encomienda el seguimiento de su esposa Madeleine (Kim Novak), una mujer de comportamientos sumamente extraños a partir de los cuales parece estar poseída por historias de su pasado. Descreído pero curioso, nuestro protagonista se adentra en el encargo mientras comienza a sentir una atracción enfermiza por la rubia, cautivadora y misteriosa Madeleine.


En esta ocasión, el maestro del suspense se aleja un poco de este último término aunque sin despojarse del enigma como elemento movilizador de inquietudes y estrechando la mano con un trasfondo de romance que invoca al adulterio y a la obstinación adictiva que genera ese tipo de sabores relacionados con lo prohibido. Así es como “Hitch” merodea en la “persecución” obsesiva de Scottie y expone, a través de imágenes y puestas en escena de una factura técnica admirable, los sentimientos y fragilidades de un sujeto que, pese a la complejidad del asunto, no puede apartarse de la fascinación que experimenta a medida que va conociendo a la blonda dama de clase.
De tranco lento, manso, aunque con secuencias hipnóticas y con una banda sonora aguda y referencial para futuros largometrajes, Vértigo encuentra el clímax en la segunda mitad. Si bien el primer tramo es poseedor de una introducción certeramente apreciable, es en el sendero más próximo a la culminación del relato donde el público puede deleitarse con una perspicaz vuelta de tuerca.
De visión obligatoria, la cinta supo tropezar con la crítica por aquel entonces, encontrando su ubicación como obra imprescindible y reconocida tiempo más adelante, tal como ha sucedido con otras tantas proyecciones que acabaron situándose en una posición similar.

LO MEJOR: la construcción de los cuadros. La sutileza de las imágenes. La intriga y la apelación de lo romántico para otorgarle profundidad. Buenos giros.
LO PEOR: de ritmo algo denso, en ocasiones, que parecen hacer extenso el metraje.

PUNTAJE: 7,9

martes, 25 de febrero de 2014

Películas del Recuerdo - American Psycho (2000)


Alta y satírica sociedad americana

Basada en la sádica y detallista novela escrita por Bret Easton Ellis, American Psycho encontró su enmarcación como pieza de culto tras su vuelco a la pantalla bajo la dirección de Mary Harron (I shot Andy Warhol). Vendida o promocionada (¿erróneamente?) como pertinente al género de terror, la cinta es más bien una conjunción entre thriller y drama psicológico con tintes de un humor tan socarrón como negrísimo. Los elementos que le atañen a su presentación pavorosa guardan relación con ella en cuanto a guiños o referencias a proyecciones del mencionado rubro, así como también se evidencia una sugerente y oscura ambientación.
Patrick Bateman (Christian Bale) es un yuppie americano que cumple con todas las normas típicas de gente de su status económico, más precisamente con cada modismo que avalan y defienden hombres de negocios de Wall Street.  Se esfuerza por mantener esa conducta clasista que roza la perfección de la estética, necesita encajar en ese mundo en el que conseguir reservas para los restaurantes más finos, vestir los trajes más caros y competir por ver quién posee una tarjeta personal más distinguida parece ser primordial. Pero Patrick, tiene un siniestro gusto, que radica en asesinar cruelmente a personas, descargando de ese modo todo su bestial instinto psicópata.


El relato lanza una crítica hacia el vacío existencial que se esconde detrás de sujetos que, a pesar de poseer una holgada condición financiera que les permita flotar en un mar de pompas, no se hallan satisfechos en plenitud. La búsqueda frenética por ser recordado entre pares invade a nuestro protagonista de una forma tan acentuada que no hace más que descubrir el asomo de estados entremezclados de envidia, inferioridad y odio hacia quien presume disponer de algún objeto de mayor nivel o prestancia. Y cuando esos huecos emergen, se conectan de inmediato con la ira y Bateman precisa desenfundar su sadismo. Prostitutas a las que manipula gracias al cambio que le queda en su bolsillo (como bien rezaba un fragmento de la novela) son sus presas más comunes. Las acribilla luego de un juego perverso que combina su desparramo de cultas frases sobre determinados artistas musicales con una pulsión sexual vigorosa y desmedida.
Mary Harron aborda los hechos sin caer en lo explícito y en el carácter tan descriptivo propio del best-seller. Sin embargo, en las escenas más cruentas y de mayor tensión, la sangre salpica la pantalla acariciando levemente el gore e incrementando la insana figura del intérprete principal. Bale se luce engendrando un personaje igualmente instruido que demente, consolidando una performance destacable.
American Psycho es una buena e interesante obra que cuenta con la particularidad de estar muy bien filmada y aclimatada, quizás no apta para un público susceptible.

LO MEJOR: Christian Bale. Ambientación, bien contada. La sátira que porta, el humor negro. Un final que da lugar a pensarlo.
LO PEOR: de a ratos lagunera. De no ser por Bale, el relato pierde fuerza.

PUNTAJE: 7,3

viernes, 27 de diciembre de 2013

Películas del Recuerdo - Zodiac (2007)


Pistas que despistan

Dirigida por David Fincher, todo un maestro a la hora de crear atmósferas apabullantes, y basada en hechos reales, Zodiac sabe mantener una línea narrativa perfecta que en ningún momento descarrila ni decae a la hora de generar interés.
La película, con el sello y estilo propio del conductor de Fight Club, nos sumerge en la historia de un criminal conocido como “El Asesino del Zodíaco”, quien cometió una gran cantidad de homicidios a finales de los sesenta. Un sujeto caracterizado por ser tan enfermizo como inteligente, poseedor de una habilidad nata para enmarañar los asuntos a través de códigos cifrados que supo emitir a los medios de comunicación, junto con misivas en las que se autoproclamaba como el autor material de ciertas matanzas.
Reparto envidiable en el que si bien los tres principales personajes intercambian presencias, cada cual tiene su tercio de protagonismo en el desarrollo de la proyección. Jake Gyllenhaal (brillante actuación) como un caricaturista demasiado curioso que se va interiorizando con mayor fortaleza en la resolución de un caso que les remite en principio a Robert Downey Jr. y a Mark Ruffalo, de distintos oficios. Las cosas se complican cuando no hay pruebas suficientes que involucren a un sospechoso neto. Todo se ve envuelto en el misterio y en la impotencia por no lograr armar el rompecabezas de indicios que va dejando el villano de turno.
Un Fincher menos brutal o bestial que en otras entregas pero quizás más sólido desde la tarea que lo involucre con la investigación periodística y con un gran talento para fabricar climas en los que el enigma prima como cualidad determinante del relato. Más allá de un arranque vigoroso y sangriento, el film no necesita de muchas instancias más de acción y adrenalina para conectar al espectador; simplemente hipnotiza a grandes escalas gracias a un guión contado meticulosamente (pese a algún que otro salto brusco) y a unos acertados y justos instantes de tensión.
Pistas que desconciertan, despistan e incrementan la tenacidad de investigadores, verificaciones de caligrafía y comprobación de huellas y rastros que aparentan nunca avanzar en la indagación; una pila de acontecimientos tendientes a quedar boyando en la nada misma y un expediente que no merece cerrarse reinan en Zodiac, un producto imprescindible que combina perspicazmente crimen, intriga y thriller.

LO MEJOR: enigma puro. Se disfruta sin hacerse pesada incluso durando dos horas y media. Interpretaciones inmejorables.
LO PEOR: saltos apurados en ciertas secuencias, al pasar de un año a otro.

PUNTAJE: 9

martes, 17 de diciembre de 2013

Películas del Recuerdo - Barton Fink (1991)


Interrupción y desorden mental

Los guiones que escriben los Coen no son comunes. La extravagancia intercalada con el sarcasmo parece ser una marca registrada en los hermanos oriundos de Minnesota. Esta no es la excepción; de hecho forma parte de una de sus primeras obras, contando con la particularidad de haberse llevado los tres premios primordiales en el Festival de Cannes por aquel entonces.
Barton Fink no es una cinta que se caracterice por ser neta y ampliamente disfrutable como producto en sí. Tampoco es de fácil digestión para todos los públicos. Pero es tan enigmática que despierta interés y curiosidad, por cierto de manera creciente. Con la utilización de una fotografía oscura en cada secuencia y escenarios convocados, como es el caso de la habitación de hotel de nuestro protagonista, el film obtiene un nivel agobiante y casi claustrofóbico en cuanto a tenebrosidad y toda apariencia que tenga que ver con lo sombrío.
John Turturro hace de Barton Fink, un guionista que suele escribir acerca de personas comunes, de clase media, según él quienes tienen mucho más por contar que individuos de estratos más altos. Arriba a Hollywood y recibe un encargo: elaborar una trama de película sobre un personaje de lucha libre. Encerrado en su cuarto de alojamiento comienza a sufrir grandes problemas de concentración que no hacen más que bloquearlo mentalmente a la hora de idear la historia. Su vecino Charlie, llevado a cabo brillantemente por John Goodman, forja una relación amistosa pero extraña con Barton, quien a pesar de entablar este flamante vínculo no consigue superar su obstrucción creativa.


Al mejor estilo David Lynch, la proyección nos pasea por breves e intensos pasajes oníricos, con una buena cantidad de recursos al simbolismo, a la metáfora, intercalados con una atmósfera siniestra casi propia de narraciones de terror. Aunque con un segundo visionado se hace más apreciable desenmascarar todos los mensajes que contiene de fondo, la obra de los Coen resulta ser ese tipo de relatos en los que más allá de lucir unos ciertos retazos surrealistas, el entramado es mucho más simple de lo que presume y simula ser.
Barton Fink se burla del manejo de las superproducciones cinematográficas insulsas y burdas, critica el cuestionamiento hacia quienes emplean la mente como elemental herramienta de trabajo y connota, desde la sátira, el pensamiento y el modus operandi imaginativo del guionista, enlazando el proceso de creación con dolencias y sufrimientos personales.
La cuarta entrega de los hermanos que más adelante concibieron a The Big Lebowski, entre otras, es una invitación a la reflexión, un pase gratis a poner la mente en marcha para sacar conclusiones, culminando con un asunto que jamás se resuelve o bien dejado a libre interpretación de cada observador.
LO MEJOR: la ambientación. El aire de intensidad que se genera, lo sombrío y enigmático. Las actuaciones de Turturro y Goodman. Se le saca más jugo cada vez que se la vuelve a ver.
LO PEOR: tarda bastante en conectar; lo bueno se hace esperar en el metraje.

PUNTAJE: 8,1

domingo, 8 de diciembre de 2013

Películas del Recuerdo - American History X (1998)


Aborreciendo el odio

Cortita la filmografía de Tony Kaye, el director que se iniciaba con el lanzamiento de esta película de culto a fines de los noventa. Un drama crudo y perturbador sobre el nazismo, con la misión de hacer reflexionar al espectador y a la vez generarle diversas sensaciones cruzadas.
Bestial actuación de Edward Norton en la piel de Derek Vinyard, capaz de mostrar con una naturalidad envidiable dos lados totalmente opuestos sobre actitudes y estados del ser humano, comparable en magnitud a aquella brillante interpretación que supo brindar un año después en la mítica Fight Club.
American History X trata sobre la vida de Derek, un “skin head” de California defensor de todas aquellas metas que perseguía la ideología nazi, promulgando el desprecio hacia la raza negra, inmigrantes, judíos y demás etnias que nada tengan que ver con los “ideales” de estos grupos cerrados. Lacrado y manipulado por la agrupación a la que pertenece, el personaje de Edward Norton cae en la cárcel por asesinar brutalmente a un hombre de color que intentaba robarle su camioneta. Cuando sale de prisión y al toparse de regreso con su familia, nota que su hermano menor (Edward Furlong) lo ha escogido como un modelo a seguir, algo que Derek ya no puede aceptar e intenta erradicar esa idea de su mente.


Tony Kaye, a cargo también de la fotografía, acierta en los momentos en los que busca convocar a un drama que agite y angustie, a partir de flashbacks fundidos en blanco y negro para teñir a la narración de un mayor sentido de emotividad y movilización.
El mensaje es claro y va cobrando fuerza a medida que el film avanza y se interioriza al observador en la realidad de lo que le ha sucedido a nuestro protagonista. Una proyección en donde se remarca que el odio no hace más que acarrear más odio, y que muchas veces los individuos son influidos y manejados por determinados clanes que estimulan y sacan a relucir lo más oscuro de su personalidad al punto tal de no saber comprender lo irracional de sus acciones.

LO MEJOR: de a ratos perturba. Edward Norton en impresionante actuación, de lo mejor de su carrera. Bien narrada, moviliza, agita.
LO PEOR: la banda sonora no es de lo mejor, de hecho no ayuda a intensificar las sensaciones que sugieren las imágenes.

PUNTAJE: 8,3

viernes, 29 de noviembre de 2013

Películas del Recuerdo - Día de entrenamiento (2001)


Lobo versus oveja

En las calles y pequeños suburbios norteamericanos se mezclan las pandillas callejeras. Para meterse a negociar ahí es necesario estar ducho y poseer experiencia. No cualquiera puede ingresar a lidiar con traficantes, hay que saber moverse y manejar todo tipo de recursos, desplazar ciertas piezas delicadamente y no ser demasiado abrupto.
Día de entrenamiento nos sumerge en ese mundo. Y lo hace enseñándonos dos estilos muy distintos entre sí. Denzel Washington está curtido en el asunto. Trece años de historias lo avalan en el rubro de narcóticos. Sus modos o procedimientos son cuestionables, puesto que oscila entre lo lícito y lo que traspasa esa delgada línea. Se suma Ethan Hawke, mucho más ético, “tiernito” en la jerga, un novato bajo la supervisión de Denzel, en lo que aparenta ser un primer y arduo día de trabajo.


Antoine Fuqua, que hasta ese entonces no había sabido conformar una obra recordable o trascendente, saca de la galera sus mejores conejos y artilugios posibles para engendrar un thriller tirante y entretenido, en donde uno de los grandes aciertos radica en la interpretación camaleónica de Washington bajo la muy buena compañía de Hawke. Cada cual constituye una cara de la misma moneda, de un flanco lo inmoral y del otro lo decoroso. El personaje de Ethan no esconde su ansiedad por atar cabos manteniendo las estrictas reglas que aprendió en la preparatoria, preceptos que se van diluyendo ásperamente a medida que su compañero y mentor lo interioriza en el tema, prácticamente obligándolo a manejar cada instancia de la manera en que él crea conveniente.
Training Day se ocupa de dar un pantallazo tan severo como real de la selva cotidiana que se vive en los alrededores de las zonas más sombrías de la ciudad. Un golpe bajo a la decencia de quienes son los encargados de protegernos y luchar contra la inseguridad, con una mirada pesimista pero sincera sobre la corrupción policial, con drogas en cada esquina y traiciones dispuestas a salir a la luz en cualquier momento.

LO MEJOR: no sufre altibajos. Frenética. Washington y Hawke, en ese orden, resaltando la sobresaliente actuación de Denzel. La realidad de lo que postula.
LO PEOR: falla en las escenas de enfrentamiento cuerpo a cuerpo, no están bien montadas.

PUNTAJE: 7,2 

lunes, 18 de noviembre de 2013

Películas del Recuerdo - American Beauty (1999)


Muerto en vida

A finales de los noventa, Sam Mendes añadía un valiosísimo ítem a su currículum, comenzando a mostrar sus capacidades de dirección, retratando a la sociedad norteamericana (y por qué no a otras tantas) a partir de esta tragicomedia, bordada finamente con una acertada musicalización y pincelada con unos cuantos retazos de drama.
American Beauty destapa la cotidianeidad de la familia de clase media, apelando a exageraciones e ironías para resaltar aún con más fervor las miserias humanas. Kevin Spacey brilla incandescentemente en la piel de un personaje que nos narra y enseña su aburrido ritmo de vida, su insostenible e inaguantable rutina, cansado al borde de un estallido que desnude su sensación de hartazgo al extremo. “En cierto modo, ya estoy muerto”, relata, y no hace falta decir más. Una relación marital ultra gastada; la manifestación de vergüenza y rebeldía por parte de su hija y una crítica a la comunidad y al carácter monótono y repetitivo de lo comercial.


Todo aquello que rompa con el esquema, lo nuevo, lo distinto, lo prohibido, como componente llamativo y atrayente, exponiéndose como una bocanada de aire fresco, una salida necesaria a los deteriorados y convencionales hábitos. Una forma de volver a sentirse vivo. Allí aparece Mena Suvari, cautivante para los ojos de Spacey, la amiga de su primogénita. Su presencia lo moviliza, actúa como un pase gratis a la mutación de la personalidad del protagonista, sacando a la luz todo aquel repertorio de actividades y conductas que almacenaba en su interior. Kevin se transforma, se va tornando impredecible, incontrolable e impulsivo. Le pone pimienta y sentido a su existencia.
El color rojo casi omnipresente en las escenas, en un doble juego de pasión y tragedia. La rosa, predominante también, representando la belleza como mera apariencia, como impacto visual y estético, aunque artificial.
Sombría, excéntrica, elegante, hipnótica, con frases milimétricamente construidas, metafóricas, memorables y con un final arrollador, American Beauty es una de esas proyecciones que el espectador siempre está dispuesto a volver a ver y disfrutar como en el primer visionado.

LO MEJOR: prácticamente todo. Interpretaciones, principalmente de Kevin Spacey. Bien filmada, buena banda sonora. La metáfora satírica como crítica a un sistema. El final y cómo se expone.
LO PEOR: quizás se extienda en algunos pasajes.

PUNTAJE: 9

domingo, 27 de octubre de 2013

Películas del Recuerdo - Un día de furia (1992)


Liberando el demonio interior

Dirigida por Joel Schumacher y luego ascendiendo a la categorización de película de culto, Un día de furia es un producto que siempre resulta atractivo a la hora de volver a visionarlo o, bien, interesante para repasar algunas escenas memorables.
Con un Michael Douglas netamente “on fire” llevando a cabo una enorme actuación, la historia desnuda las miserias humanas, el desorden social, la falta de cordialidad y de paciencia en la gente y, principalmente, la irradiación de toda la rabia acumulada que una persona pueda almacenar en su interior, exacerbada y magnificada con su pertinente plasmación a los hechos. ¿Quién nunca sintió, aunque sea en efímeros momentos, la necesidad de sacarse el enojo, ante situaciones exasperantes, y destrozar todo aquello que se le cruce en su camino de modo intolerante?


A nuestro protagonista parece sofocarlo inicialmente una mañana acalorada, agobiante que, para colmo, lo mantiene atorado en un embotellamiento de tránsito infernal. Encolerizado, abandona su automóvil y decide emprender retorno a su casa. A partir de allí, cada circunstancia poco favorable que se interponga en el andar de Douglas provocará sus más temibles y violentas reacciones, evolucionando en cuanto a nivel armamentístico (comienza con un bate de béisbol) y desarrollando una furia que parece no tener techo alguno. Del otro lado, y con su siempre disfrutable presencia, Robert Duvall en el traje de un oficial de policía que seguirá los rastros del causante de consecutivos arranques de irrefrenable locura.
Schumacher logra que los inverosímiles resulten entretenidos, tragicómicos y hasta en cierto punto cercanos a la identificación que el espectador pueda percibir con el endemoniado personaje. Más allá de una banda sonora tensa, con nervio y muy a tono con las diversas eventualidades que se sortean, lo atrayente del film también encuentra lugar en su atemporalidad: la tozudez de la sociedad, el racismo y la intolerancia como aspectos de cualquier época.
A pesar de una mutación que se torna cada vez más turbia, ¿cuántos, en la vida real, idearon o maquinaron alguna vez su “día de furia”?

LO MEJOR: Douglas y Duvall. El ritmo de la narración, las secuencias, algunas inolvidables como en la hamburguesería a las que da gusto rememorar una y otra vez.
LO PEOR: ciertas determinaciones se vuelven algo repetitivas.
PUNTAJE: 7,5


lunes, 21 de octubre de 2013

Películas del Recuerdo - Reservoir Dogs (1992)


Los colores del delito

Allá por la década del noventa (a principios de ella), el bueno de Quentin Tarantino daba que hablar, sorprendiendo y saltando a la fama a partir de un film sanguinario, soberbio desde la puesta en escena, con unos diálogos más que interesantes (fieles al estilo del director) y con un reparto de ensueño.
El creador de este neo-noir nos sumerge en una historia de atracos, en donde una banda bien organizada tiene como encomienda el robo a una importante joyería. Los integrantes de este grupo criminal poseen la particularidad de no conocerse entre sí, llamándose bajo nombres de colores, en donde Harvey Keitel es Mr. White y Steve Buscemi Mr. Pink, por ejemplo.
Algo sale mal, un imprevisto permite la llegada de policías al momento del timo, motivo por el cual, entre gatillos fáciles y desorden, nuestros protagonistas escapan hasta reunirse en un sitio en común. Pero lo encantador del relato radica en que lo recientemente mencionado prácticamente no se muestra sino de a pequeños sorbos bajo algún que otro flashback o bien a través de la deducción que pueda sacar el espectador de las pláticas y acusaciones que se sortean entre los partícipes de la misión.


Tarantino desarrolla casi toda la cinta en un solo escenario. Allí engendra y construye diversos estados sofocantes, angustiosos y comienza a enseñarle al gran público su gusto por la sangre a chorros, así como también se las ingenia para ambientar las secuencias con una musicalización sugestiva, algo que de aquí en más se convertiría en otra de las piezas claves en la carrera fílmica del nacido en Tennessee.
El guión, tan poco rebuscado como sólido, nos permite jugar con la intriga por descubrir qué ha pasado para que el tan estructurado plan se echara por la borda. Los personajes van sufriendo trastornos nerviosos cada vez más elevados, en etapas en donde la desconfianza hacia el otro aumenta progresivamente. La idea de un delator cobra cada vez más firmeza y ninguno de ellos sabe cómo puede acabar la cuestión.
Quentin llama la atención, también, por el asomo de lo que luego sería siempre una característica innata en sus crónicas: el exceso. Y nos lo enseña con un cuadro retorcido en una de las circunstancias más fuertes de aquellos años, desbordante de violencia y alaridos extremos, en donde Michael Madsen toma el rol principal.
Poco más de hora y media de metraje de una película de culto que raramente deje indiferente a los observadores, sobre todo pertenecientes a la rama amante del séptimo arte, con la fortuna de librar una resolución merecedora de admiración.

LO MEJOR: las actuaciones, el guión, la forma de atrapar al espectador valiéndose casi todo el tiempo de un solo escenario. Música, diálogos, acción, tensión made in Tarantino.
LO PEOR: algunas escenas en donde se recurre al flashback se exceden en lentitud.
PUNTAJE: 8,2