miércoles, 6 de noviembre de 2013

Rush - Crítica


Duelo antagónico

Emocionante, atrapante y técnicamente impecable. Poco hay para reprocharle a Rush, es que si posee puntos negativos, de un solo visionado no se divisan fácilmente; por el contrario, hay que hurgar demasiado para hallar las falencias de esta aventura que no se limita sólo al mundo de las carreras automovilísticas.
Daniel Brühl (Bastardos sin gloria), hace de Niki Lauda; Chris Hemsworth, del lado totalmente opuesto, encarna a James Hunt. Este biográfico apela constantemente al juego antagónico entre estos dos eternos rivales que se vieron las caras por primera vez en Fórmula 3, algo así como las divisiones menores de la gran categoría.
Ron Howard idea un film en donde el atractivo principal está puesto en la rivalidad incompatible, en todo punto de vista, entre ambos personajes. El austríaco, incorruptible desde la conducta y la responsabilidad con su trabajo; el británico como hombre de la noche, el alcohol y los excesos. El andar solitario y retraído de Lauda en oposición al flanco amiguero y poblado de acompañantes de juergas de Hunt. La seriedad de Niki y su cautela ante el peligro; la impulsividad de James frente al riesgo, en una permanente cercanía a la muerte que él mismo asocia con la capacidad de hacerlo sentir más vivo y enérgico.


Se desafían, se chicanean, ironizan y no dejan de estar pendientes el uno del otro. El hecho de conseguir el campeonato mundial a veces hasta parece quedar chico comparado con el efecto que genera derrotar e imponerse al enemigo. Una historia en la que el vértigo y la adrenalina de las secuencias de Fórmula 1 se condicen con la fuerza que portan los dramas personales y las cuestiones privadas de los corredores.
Con la tragedia al acecho y con una increíble similitud en la adaptación de los hechos verdaderos a la pantalla grande, Rush emociona, entusiasma, entretiene y paraliza. La capacidad del director para volcarle crudeza y realismo a las situaciones está tan bien lograda que conmueve incluso a quienes conocen de memoria lo que había sucedido a mediados de los setenta.
Dos personalidades. Dos celebridades, tan dispares como carismáticas y competitivas. Cada uno sabe en su interior que necesita del otro, no sólo para odiarlo, sino también para hacerse de un motor que lo motive al crecimiento y a la superación. En el fondo, y más allá de todo rencor y refunfuño, se admiran. Y el espectador agradece, mientras disfruta.

LO MEJOR: las interpretaciones. El parecido físico que se obtiene con los reales. Las secuencias de carrera, a puro vértigo. La rivalidad, diálogos memorables.
LO PEOR: podría haberse mostrado más acerca de Lauda que de Hunt.

PUNTAJE: 8,2

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